22 julio, 2013

San Pedro de Abanto V. 27 de Marzo. El tercer día de la batalla.

En el tercer día de la batalla, festividad de la Nuestra Señora de los Dolores generalísima de los carlistas, quedó interrumpida la línea telegráfica de Somorrostro provocando que la ansiedad creciera entre los que esperaban noticias. En toda la jornada sólo llegó un despacho del frente con un retraso de ocho horas: anunciaba que el fuego se había roto al amanecer, generalizándose en toda la línea.
Combate de Somorrostro. 26 de marzo de 1874. Cuerpo de Estado Mayor del EjércitoPublicado por el Depósito de la Guerra

Semanas más tarde, en su edición del 8 de abril, La Ilustración Española y Americana lo contaba de la siguiente forma: “A las seis de la mañana, como en los dos días anteriores, anuncióse la batalla, que debía ser horrible, con los fuegos de la artillería y el tiroteo en los puntos avanzados iniciándose al poco tiempo el movimiento de avance del centro y de la izquierda, mientras la derecha se preparaba para el momento oportuno.”

El corresponsal de El Imparcial firmaba desde Castro Urdiales, al final de ese mismo día 27, la crónica de la batalla: “Desde el amanecer el fuego se había roto por ambas partes con igual furia. Los carlistas han reforzado sus trincheras de San Pedro de Abanto con los batallones de Andechaga, situados hasta ayer al otro lado del Montaño, entre éste y monte Lucero. Los batallones de Navarrete habían aumentado igualmente el número de los defensores de las trincheras situadas en las alturas de nuestra derecha. A las ocho próximamente dos batallones del segundo cuerpo tomaron una trinchera construida durante la noche en la parte superior de un valle, y desde la cual se impedía el paso á nuestros soldados para atacar la gran trinchera angular que por este lado tiene el enemigo á unos seiscientos metros más arriba de la línea del ferrocarril de Galdames. Antes ha sido cañoneada la trinchera con ese acierto y precisión á que se debe la mayor parte del éxito en esta campaña. Cuando nuestros soldados han entrado en la trinchera todas las obras estaban deshechas, y en el centro hallaron un montón formado por treinta y dos cadáveres de carlistas.”

Episodio de las Batallas de Somorrostro. Don Carlos pasando revista a sus tropas
La crónica de El Imparcial también cuenta los movimientos de la división del tatarabuelo Antonio: “A las diez y media la división Andía ha pasado el rio por el puente de barcas de Musquiz, empezando á atacar el Montaño por la pendiente oeste. Pero á juzgar por la escasa fuerza que llevaba (dos batallones) y por el alto que hizo al llegar á una meseta, situada en la parte media del monte, debo presumir que el movimiento tenía sólo el carácter de distracción de fuerzas enemigas. Desde la cresta de rocas del monte unos mil carlistas, tendidos en el suelo, sostienen un nutrido fuego”
Fotografía del Montaño
Según nos describe La Ilustración Española y Americana el enemigo había reforzado las defensas del Montaño: “Aquí debo decir que, según noticias fidedignas, los carlistas han aumentado recientemente sus obras de defensa en aquel punto, construyendo nuevas trincheras con barricas llenas de piedras, con masas de mineral, con ruedas de wagones, y aun haciendo barrenos y minas para hacerles volar cuando avancen hasta allí las tropas.”

Pero el tatarabuelo Antonio regresa con su división hacia la retaguardia. El movimiento sólo había sido un amago por la izquierda del frente para intentar distraer a los carlistas del verdadero ataque liberal que va a producirse por el centro. El propio Jefe del Estado Mayor lo explica en el comunicado que le manda a las nueve y treinta y cinco de la noche, desde el Cuartel General en La Carreras, al Ministro de la Guerra: ”Como dije á V.E. en un despacho de esta mañana, al amanecer se rompió el fuego en toda la línea, que se sostuvo no muy vivo por el enemigo. A las doce dispuse que toda la artillería jugase sobre las posiciones de San Pedro Abanto y casas próximas, teniendo ya los generales Primo de Rivera y Loma dispuestas dos columnas de á cuatro batallones para atacar por los dos flancos, tanto la iglesia de San Pedro como las casas llamadas de Murrieta. A la una se lanzaron las columnas con ímpetu á las posiciones enemigas, de las que se rompió un vivísimo fuego de fusilería de la doble y triple línea de trincheras en que se guarecían. En tanto dispuse un amago de ataque por el puente de Musquiz á las posiciones de Montaño.”

Los liberales volvían a encontrarse en la misma situación: obligados a lanzar todas sus fuerzas por el centro hacia San Pedro de Abanto, como ya ocurrió en la derrota de Morriones un mes antes. La batalla se acercaba al momento de mayor intensidad como describe La Ilustración Española y Americana: “A las dos de la tarde el combate presentaba un aspecto imponente: el fuego por ambas partes era horrible, y el estruendo de la artillería y de las descargas de fusilería causaban pavor en el corazón más animoso”.

Unamuno también nos relata este momento de la lucha, desde la perspectiva carlista del protagonista de su libro Paz en la guerra: “Ignacio y sus compañeros pasaron la mañana agazapados en un parapeto delantero a Murrieta. Unos limpiaban el fusil, esperaban calmosamente otros a la faena. A las doce la artillería liberal concentró sus fuegos contra la ermita de San Pedro, que iba quedando hecha una criba y contra Murrieta. Pasado el puente de Musques, disparó el liberal una fuerte columna al Montaño para distraer la derecha carlista, avanzando en tanto por el centro a San Pedro a abrirles la línea en cuña. De cuando en cuando se levantaba en la cresta del puntiagudo Montaño una polvareda y al disiparse esta, veíase los jefes carlistas, en pie, agitar los brazos y repartir sablazos de plano. Unos mil hombres, pegados como lombrices al suelo de la cima rocosa, latían contra la tierra, recibiendo las granadas del Janeo e impidiendo con sus fuegos el avance del enemigo.”

La división de Loma, que había pasado la noche un kilómetro y medio de la iglesia de San Pedro, comenzó a avanzar por la carretera. Sus guerrillas llegaron a trescientos metros de una enorme trinchera que estaba situada en diagonal sobre la cañada. Los tres batallones carlistas que la defendían fueron cogidos por el flanco izquierdo y se vieron obligados a huir hacia el pueblo de Murrieta, apenas dos grupos de nueve casas separadas de San Pedro por parapetos. Se dio orden de tomar el pueblo a toda costa, pero los carlistas que allí habían encontrado refugio contaron con la ayuda de un batallón navarro que se movió con rapidez desde de San Fuentes y así cogieron a los liberales entre dos fuegos.

Batalla de Murrieta, en San Pedro Abanto. Dibujo de J. Alaminos para Historia contemporánea:
 segunda parte de la Guerra Civil : anales desde 1843 hasta el fallecimiento de Don Alfonso XII
La descripción que hace de ese instante La Ilustración Española y Americana dibuja el dramatismo de la escena: ”las tropas avanzaron, despreciando la muerte y electrizadas por el ejemplo, hasta las posiciones que debían ser conquistadas, tomando á la bayoneta varias trincheras carlistas y el barrio de Murrieta, importantísima posición á corta distancia de San Pedro de Abanto. Los batallones de Estella, Las Navas, Barbastro, Ramales y otros se cubrieron de gloria; el de infantería de Marina, compuesto de bisoños soldados, hizo verdaderos prodigios de heroísmo; los jefes y oficiales eran siempre los primeros en el ataque; pero ¡cuántos infelices perdieron allí su existencia, ó sellaron con sangre generosa su amor á las instituciones liberales!”

Vista de San Pedro de Abanto desde Murrieta.
La artillería situada en Las Carreras intentaba proteger el avance: “vomitaba metralla y granadas a muy corta distancia, reventando en todas las trincheras carlistas y la polvareda que levantaba y el humo de la pólvora ocultaban a los combatientes y oscurecía el cielo”.

Batería cubierta a la altura de Pucheta.
Dibujo de José Luis Pellicer para La Ilustración Española y Americana. Edición 30 abril de 1874
En ese momento Primo de Rivera recibió la orden de avanzar por la derecha, pero los soldados, enviados a una muerte inevitable, intentaron refugiarse entre las casas sin que los oficiales lograran controlar el caos. Preso de rabia, Primo se lanzó para obligar a sus tropas a seguir adelante, pero en ese momento una bala le atravesó el pecho. Mientras la batalla ardía: “El fuego era horroroso en toda la línea: los carlistas resistían desesperadamente; saltaban en ocasiones de sus parapetos y cruzaban sus bayonetas con los que les atacaban con la misma arma” y el General Loma también caía herido en Las Carreras.


27 de Marzo de 1874  el General Primo de Rivera, herido, es transportado a Somorrostro
Dibujo de L. Urgelles para El Estandarte Real. Edición Marzo 1890.


En ese momento, el más álgido de la batalla, el Regimiento de Zamora fue enviado desde la retaguardia a tomar San Pedro de Abanto. Antonio López Martín tuvo la mala suerte de estar en el peor lugar y en la peor hora.

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