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15 junio, 2020

Miliciana a caballo


El confinamiento ha sido como un largo domingo de primavera. El desempleo y la pandemia me han regalado tiempo para volver a escribir y, diez años más tarde, continuar la investigación histórica de la novela. He vuelto a buscar información en internet con la grata sorpresa de encontrar datos que actualizaban o complementaban los hechos sobre los que escribo o me han permitido descubrir otros nuevos.

Y uno de ellas me cautivó ayer… ¿Qué relación tienen una fotógrafa alemana (Gerda Taro), una periodista francesa (Simone Téry) , un escritor estadounidense (Ernest Hemingway) y una actriz sueca (Ingrid Bergman) con una misteriosa brigadista fotografiada en plena Guerra Civil en un pueblo costero de Granada?

Gerda Taro


De Gerda Taro he escrito dos veces en este blog http://tiny.cc/7hzuqz  y http://tiny.cc/7jzuqz . El 14 de febrero de 1937 llegó a Almería acompañada de su compañero Robert Capa con la  intención de fotografiar la tragedia de los cientos de miles refugiados malagueños que habían huido de las tropas franquistas. Sobre la conocida como La Desbandá he escrito aquí porque la sufrió mi familia de forma directa http://tiny.cc/vmzuqz y es un hecho histórico que me interesa mucho http://tiny.cc/pozuqz, http://tiny.cc/oqzuqz. También sobre diversos personajes que se vieron envueltos en aquel torbellino como el médico canadiense Norman Bethune http://tiny.cc/oqzuqz, la Escuadrilla España del escritor francés André Malraux http://tiny.cc/wszuqz, el piloto holandés Jan Frederikus Stolk http://tiny.cc/y70uqz, el escritor y espía húngaro Arthur Koestler http://tiny.cc/ra1uqz, el zoólogo británico Sir Peter Chalmers Mitchell http://tiny.cc/ef1uqz o diversos testigos de la caída de Málaga http://tiny.cc/xg1uqz como la brigadista rusa Elisabeta Parshina, la escritora inglesa Gamel Woosley o el americano Edward Norton. También he escrito sobre las circunstancias de la huida http://tiny.cc/bt1uqz y http://tiny.cc/c21uqz, http://tiny.cc/f41uqz, sobre los que debieron defender la ciudad como el cobarde Coronel Villalba http://tiny.cc/700uqz  y http://tiny.cc/2y0uqz,  o los asesinos como el General Queipo de Llano que ordenó los mayores crímenes http://tiny.cc/430uqz o los periodistas que los callaron o los contaron desde la distancia http://tiny.cc/bq1uqz...

Ficha de corresponsal Gerta Pohorylle, nombre verdadero de Taro
Pero volviendo a la historia que quería contar… Gerda Taro y Robert Capa fotografiaron en Almería a los desvalidos refugiados malagueños. Aunque la verdadera tragedia ya había sucedido en la carretera unos días antes  y se conservan muy pocas imágenes tomadas por Hazen Sise, uno de los integrantes del Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre que dirigía Norman Bethune. Se trasladaron al frente, donde Gerda tomó una foto icónica. Más allá de la desgracia, del hambre y de la muerte en la huida, retrató a una brigadista a caballo. El mensaje era claro y poderoso: la República no se rinde y, a pesar de todo, sigue luchando.



Era la primera que firmó Gerda Taro con su propio nombre, sin Robert Capa y formaría parte de un reportaje que escribió la periodista francesa Simone Téry para la publicación Regards. Simone era una mujer moderna, con carácter que se abrió paso como reportera en un mundo muy masculino y cerrado. Las descripciones la dibujan alta y bien formada, con cabello castaño corto y ojos verdes. Se había afiliado al Partido Comunista francés unos años antes tras visitar la Unión Soviética. Sus artículos le habían llevado a viajar por Irlanda,  China, Japón, USA y Alemania. Había llegado a Valencia sólo unos días antes y acudió adonde creía que estaba la noticia. El reportaje con las fotos de Taro y Capa fue publicado el 18 de marzo de 1937. "El éxodo de los habitantes de Málaga y de la región, tras la toma de la ciudad por los fascistas, constituye uno de los episodios más atroces de la guerra española. Ninguna relación tan precisa, ni tan verídica como la presente de esta atroz tragedia que ésta que nuestra colaboradora Simone Téry ha retransmitido desde España y que publicamos aquí junto a las emocionantes fotos de Capa y Taro".

Unos días después de publicarse el artículo, Margarita Nelken le hizo una entrevista en el frente de Madrid en la que le preguntó si se consideraba valiente. Téry le respondió que no lo sabía, pero que tenía conciencia profesional. Otra valiente, Gerda Taro moriría solo unos meses más tarde, arrollada por un tanque en la Batalla de Brunete.

Téry se casó con Juan Chabás, un escritor de la Generación del 27. El matrimonio se celebró en el Madrid cercado por las tropas franquistas. La pareja se exilió en la republica Dominicana y luego en México. Tras separarse de Chabás, Simone regresó a Francia y escribió un libro titulado Front de la liberté. Espagne 1937-1938. Años más tarde escribiría una novela basada en esas experiencias.

La foto de la miliciana desconocida impresionó mucho a Ernest Hemingway, tanto que decidió que la heroína de la novela que estaba escribiendo, basada en sus propias experiencias como corresponsal en la Guerra Civil, la María de Por quién doblas la campanas, tendría su rostro y su personalidad.

La novela fue publicada en 1940 y obtuvo un éxito inmediato. Solo un año más tarde Hemingway le vendió a la Paramount los derechos para llevarla al cine. Los secretos del rodaje se hicieron legendarios. El novelista eligió la Paramount porque quería que su amigo Gary Cooper, que había protagonizado otra película basada en una novela suya, Adiós a las armas, interpretara a Robert Jordan. Para el papel de la idealista María los estudios eligieron a Vera Zorina, una bailarina que había enamorado al productor Samuel Goldwyn, el cual le había firmado un contrato para hacer siete películas. Tras varias semanas de rodaje, se hizo cada vez más evidente que no era la idónea para el personaje y Hemingway exigió que se lo dieran a Ingrid Bergman, que en ese momento estaba preparando su papel para una película presuntamente menor y que acabaría convirtiéndose en una de las más míticas de la historia: Casablanca.

Hemingway se negó a que la dirección corriera a cargo de Cecil B. de Mille. El director finalmente elegido para la película fue Sam Wood, un derechista cuyas ideas retrógradas destrozaron el espíritu de la novela. También el Gobierno de Franco presionó para adulterar la adaptación cinematográfica a través del ministro de Asuntos Exteriores y del cónsul en Los Ángeles. No en vano la censura franquista consideraba a Hemingway como "una amenaza a la moral conservadora de España".



Lo cierto es que cuando Gerda Taro tomó esa impresionante foto en Calahonda, un pueblo de la costa granadina donde se combatía al fascismo, no podía imaginar todo lo que sucedería a partir de la imagen de una mujer, que hoy sigue siendo una desconocida.

La exposición Taro y Capa en el frente de Málaga  exhibió la fotografía en el Centro Andaluz de Fotografía (CAF) entre julio y septiembre de 2019. En esa exposición también se pudo ver el audiovisual ¡Hasta pronto hermanos! Las Brigadas Internacionales en La Desbandá. Afortunadamente, ese magnífico documental está disponible en internet: https://www.youtube.com/watch?v=jG8nMSS4b0Q


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11 junio, 2020

El Regimiento de Zamora


Hace unas semanas contacté con la Biblioteca del Ministerio del Ejército para solicitar información sobre el Regimiento de Zamora nº 8 en el que combatió mi tatarabuelo Antonio López Martín durante la Tercera Guerra Carlista. Diez años más tarde volvía a retomar la investigación histórica sobre la novela que tenía en el abandono. Había pasado una década desde que la magia de internet me permitió acceder a revistas y libros de la época que narraban con detalles muy precisos aquella guerra, pero aunque aparecían referencias concretas sobre el Regimiento, sus acciones se perdían en la confusa narración de las batallas.

En cuanto las administraciones volvieron a abrir después de la pandemia, recibí la diligente respuesta en la que, con toda amabilidad, me adjuntaban documentación. Con ella he actualizado algunas entradas de este blog relacionadas con la Batalla de San Pedro de Abanto y, en breve, lo haré con las de Monte Muro. Entre el material recibido, me enviaron una copia del libro Historia del Tercio de Zamora y Regimiento de Infantería del mismo nombre, escrito en 1903 por Maximino de Barrio Folgado.

Su lectura me ofreció una maravillosa lección de historia que arranca en el 1580. Ese año se formó el Tercio de Bobadilla con 3000 hombres de la comarca de Zamora. Los soldados, repartidos en 12 compañías, estaban al mando del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla. Los viejos tercios españoles tomaban el nombre de las ciudades o provincias que nutrían sus filas o también de sus comandantes. Su enseña de color bermejo llevaba las armas de la ciudad de Zamora, consistente en el brazo de Viriato y el puente de Mérida. Su bautismo de fuego se produjo en la conquista de Portugal que libraba Felipe II.

Terminada la pacificación de Portugal y de las Azores, el Tercio de Bobadilla, también conocido como el de Zamora, fue enviado a Flandes a combatir bajo las órdenes de Alejandro de Farnesio. Como los británicos dominaban los mares, tuvieron que atravesar medio continente en largas marchas a pie hasta su destino. Nada más llegar participó en la Batalla de Empel. Durante los días 7 y 8 de diciembre de 1858, los hambrientos soldados se vieron acorralados por la subida del agua. Los holandeses habían abiertos los diques obligándoles a refugiarse en el islote de Bommel, situado entre los ríos Mosa y Waal  y cercado por una armada de cien barcos. La helada congeló las aguas. La leyenda cuenta que la intercesión de la Inmaculada Concepción tuvo un papel relevante en la victoria y por ello, desde entonces, fue proclamada patrona de los viejos Tercios y de la actual infantería.

El milagro de Empel, obra del pintor Augusto Ferrer-Dalmau
Tras esa batalla, participaron en acciones militares en ciudades como Amberes, Colonia o Brabante y, más tarde, en las guerras de Religión en Francia luchando contra los protestantes. Tomaron parte en el sitio de Cambrai, la toma de Amiens o el sitio de Ostende.

Décadas más tarde, en 1643 para ser exactos, participaron en la Batalla de Rocroi, la más dolorosa derrota de los tercios y la más heroica, donde todos los soldados del Tercio de Bobadilla murieron en el centro del combate que fue barrido por la metralla enemiga.


Rocroi, el último tercio, por Augusto Ferrer-Dalmau

Durante la Guerra de los 9 años o del Palatinado, en la que la Gran Alianza conformada por la mayoría de los países europeos luchó contra la Francia de Luis XIV, el Tercio combatió en las batallas de Fleurus, Steinkerque, Neerwinden. Finalizó con la Paz de Riswick en 1697 por la que Francia devolvió a España las plazas que había ocupado en Cataluña y Flandes.

Durante la Guerra de Sucesión defendieron los intereses de los Borbones en Flandes luchando contra los ingleses. Las reformas que trajeron la llegada de Felipe V al trono supusieron el fin de los Tercios. Así nació el Regimiento de Zamora que participó en la desastrosa batalla de Ramillies, junto a las tropas francesas que combatían contra un ejército inglés, alemán y flamenco. A lo largo del siglo XVIII combatió en la Campaña de los Pirineos, en las guerras contra Inglaterra y Portugal y en campañas africanas.

La Guerra de Independencia de los EEUU llevó al Regimiento al continente americano, donde más tarde sofocaría revueltas en varios países como México, Santo Domingo o Perú.

Las guerras napoleónicas llevaron a los soldados de Zamora a combatir junto a los franceses en remotas regiones del Norte de Europa como Pomerania o  la península danesa de Jutlandia. Cuando Napoleón invadió España, se encontraron a miles de kilómetros de nuestro país, bajo órdenes del que había pasado a convertirse en el enemigo. Las tropas comandadas por el Marqués de la Romana juraron lealtad a los intereses españoles y, tras un azaroso periplo por varias islas danesas, lograron escapar en botes pesqueros y llegar al puerto de Goteborg, desde donde embarcaron hasta Santander.


El Juramento del Marqués de la Romana, obra de Manuel Castellano
A partir desde entonces el Regimiento fue conocido como El Fiel y bordaron en su bandera su lema La patria es mi norte, la fidelidad mi divisa. Sus soldados estuvieron entre los primeros que combatieron a la invasión napoleónica. Durante meses de marchas y contramarchas se refugiaron en El Bierzo y en Galicia y combatieron junto al Duque de Wellington al ejército francés que por orden de Napoleón iba a conquistar Portugal.

Con el regreso del vergonzoso Fernando VII, el Regimiento fue enviado a Veracruz para luchar contra la independencia de México. Años más tarde, combatió en Cataluña durante la Primera Guerra Carlista, quedando establecido en Barcelona al final de la misma. Bajo las órdenes del General Prim pacificó algunas poblaciones catalanas como Mataró o Reus. Durante el reinado de Isabel II embarcó hacia la Campaña de África siendo uno de los primeros cuerpos en asaltar la trinchera marroquí en la Batalla de Tetuán, distinguiéndose también en la batalla de Wad Ras.


La Batalla de Wad Ras, obra de Mariano Fortuny
Tras participar en los diferentes enfrentamientos cantonales, en 1874 el Regimiento de Zamora estaba al mando del Coronel José Serrano Dávila. El 1er Batallón tenía su sede en Málaga, mientras el 2ª estaba en Granada. Desde ambas ciudades emprendieron su marcha en tren hacia el Norte para levantar el sitio de Bilbao por parte de las tropas carlistas.



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27 mayo, 2019

Pequeño homenaje a uno de los últimos brigadistas


Cuando en 1936 estalló la guerra en España 35.000 hombres y mujeres de más de 50 países se alistaron en la lucha contra el fascismo y vinieron a nuestro país, desde todos los rincones del mundo, a combatir en defensa de la República.

El 28 de octubre de 1938 los altavoces en Barcelona anunciaron su despedida con solo 20 minutos de antelación. El enemigo ya estaba cerca y la prudencia era necesaria. En pocos minutos las calles se llenaron y más de 20.000 personas acudieron al desfile de los 6.000 brigadistas que se marchaban. Muchos de sus compañeros caídos quedaban en España para siempre.

En su discurso, Dolores Ibárruri la Pasionaria, apenas contenía la emoción:

“Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfume en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales.  Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigiladas por perros rabiosos deseosos de clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariños, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: «¡Aquí estamos»!, vuestra causa, la causa de España es nuestra misma causa, es la causa de toda la humanidad avanzada y progresiva”.

Fotografía de Robert Capa sobre el acto de despedida de las Brigadas Internacionales

En la despedida se les prometió la nacionalidad española a todos ellos, pero la promesa tardó más de 58 años en cumplirse. En noviembre de 1996 el Parlamento español por fin lo hizo. Eran los primeros meses del gobierno del que se iba a convertir en el peor presidente de nuestra democracia. José María Aznar se negó a recibirlos, al igual que otras autoridades del Partido Popular que se inventaron las más peregrinas excusas. Pero el pueblo español les brindó el homenaje que se merecían.

Yo estuve en las gradas del viejo Palau d’Esports de Barcelona la noche emocionante en la que recibieron el cariño de la ciudad que los había despedido, en el preludio de la derrota, casi seis décadas antes. Durante más de una hora, aquellos poco mas de 300 ancianos y ancianas volvieron a desfilar felices –algunos de ellos con evidentes problemas de salud- entre los aplausos entusiastas de una multitud que llenaba el recinto.

Al final del acto arreció la lluvia y una improvisada cadena de voluntarios ofrecimos nuestros paraguas para acompañarles a los autobuses. Aún recuerdo el brillo en sus miradas orgullosas y su generoso agradecimiento, la felicidad por servirles de ayuda aunque solo fueran unos segundos.

Entre las historias de este blog aparecen las de algunos brigadistas como el holandés Frederik Stolk http://bit.ly/2VTRrrB , el francés André Malraux http://bit.ly/2X5gdXa, el belga Paul Nothomb http://bit.ly/30M8QWO, el inglés George Orwell http://bit.ly/2X9mXmT, la rusa Elizaveta Parshina http://bit.ly/2woCCmp, y otras muchas que permanecen en mi lista de intenciones a la espera del momento oportuno.

Una me ha parecido maravillosa y no puede esperar más.

Hace unas semanas leí en una red social la noticia del fallecimiento del último brigadista canadiense: Bill Krehm. Me emocionó la fotografía: sobre su ataúd reposaba una única bandera, la tricolor republicana. Setenta y un años después de abandonar España, el amor por nuestro país quedaba claramente reflejado en esa imagen.

Esta mañana he leído otro mensaje en la misma red social que llamó mi atención de inmediato. En México uno de los últimos brigadistas vivos pasa por delicados momentos de salud y se pedían mensajes de apoyo y gratitud.

Virgilio Fernández ya ha cumplido cien años. Sólo tenía diecisiete cuando estalló la guerra. Le pilló trabajando como practicante en el Hospital Princesa de Madrid. Sin dudarlo se alistó voluntario y lo enviaron de sanitario al frente de Somosierra. Más tarde, ya como teniente de los servicios sanitarios de las Brigadas Internacionales se incorporó a la columna Dombrowski, -de la que también hablo en el blog - http://bit.ly/2wmizFf,  formada sobre todo por polacos.

Participó en las batallas más terribles: Guadalajara, Brunete, Belchite, intentando salvar vidas en primera línea de combate. Cuenta cómo en la Batalla de Ebro llegaron a evacuar a más de mil heridos diarios. La caída de Barcelona se produjo mientras trabajaba en el Hospital de Sant Pau, donde robó una ambulancia a punta de pistola para poder evacuar a heridos que solo podían esperar la muerte a la entrada de los franquistas en la capital catalana.

En Francia pasó meses en el campo de internamiento de Sant Cyprien, pero pudo reencontrarse con su familia y exiliarse a México donde pudo licenciarse en medicina. Hace apenas un año regresó por última vez a España y recibió el homenaje de políticos como Manuela Carmena o Pablo Iglesias.

Esta misma mañana yo no sabía quien era Virgilio Fernández. A lo largo de la investigación histórica que realicé para escribir la novela que contase la historia de mi abuela materna, me fui encontrando con la de centenares de héroes, la mayoría de ellos casi anónimos, que no merecen dormir en el cajón del olvido.

Cuando comencé a escribir este blog lo hice con la idea del que lanza una botella con un mensaje al inmenso océano de internet sin saber quién lo acabará leyendo.  En estos años han ido apareciendo personas maravillosas. Ahora que el recuerdo de los días doloridos y sangrientos se esfuma en un presente de libertad le seguiremos hablando a nuestros hijos de los héroes que combatieron por legarnos un mundo mejor y más libre, les hablaremos de personas como Virgilio. Sería un honor que leyera el mensaje.

Nota.- La esposa de Virgilio le leyó este texto y me dicen que le emocionó. Murió sólo unos meses más tarde, el 17 de diciembre de 2019.

10 diciembre, 2018

Doscientas mil visitas

Los mejores caminos son los que nos sorprenden a cada paso y nos llevan por territorios inesperados, los que nos cruzan con compañías que enriquecen el trayecto, los que no tienen un destino establecido, ni una duración precisa. 

Hace más de 10 años inicié este blog. Tardé nueve meses en tener mis primeras 1.000 visitas y dos años en llegar a las 10.000, el mismo tiempo que necesitó el contador en alcanzar las 50.000. Seis meses más tarde la cifra se había doblado. En ese tiempo he vivido un divorcio, tres cambios de trabajo y –curiosamente- ninguna mudanza. La novela que acabó dando motivo al camino se reduce solo a un par de centenares de páginas emborronadas, algunas llenas de dudas, pero otras con la luz necesaria para que la convicción y el deseo de terminarla sigan intactos. 

Cuando hago la suma, la cifra de entradas alcanza casi las trescientas y, aunque en los tres últimos años solo he publicado una veintena, ahí sigue… como todos… viviendo. 

Hace unas semanas se superaron las 200.000 visitas y quizás sea un buen momento para repasar el viaje y destacar, a modo de resumen, diez entradas. 

El día que murió Franco fui un niño muy feliz https://bit.ly/2CSa0YN

Éste fue el primer paso del camino, el primer texto que escribí para el blog. Su título era una declaración de intenciones. Describía la muerte de Franco desde la mirada de un niño que no entiende las lágrimas de su abuela. Hoy, que el Congreso ha aprobado la exhumación del dictador, me he vuelto acordar una vez más de ella. Hace décadas que murió, pero María Álvarez López quizás también hubiera llorado (su dolor debía ser inmenso). 

La verdadera protagonista de mi novela https://bit.ly/2CPi4JX

Esta microbiografía de mi abuela materna intenta resumir una historia llena de pequeños detalles. Fue publicada por la organización Todos los nombres https://bit.ly/2D0ixJ8 que rescata del olvido las vidas de miles de personas. Y lo hace inspirada en las últimas palabras que Julia Conesa, una de las Trece Rosas, le escribió a su hija: “que mi nombre no se borre en la historia”. 

Mi lista de novelas sobre la guerra civil https://bit.ly/2CUBY6p

Es la entrada más visitada de mi blog. Hubo un momento en el que Google la situó la primera de su lista cuando consultabas sobre este tema. Sin buscarlo fui trending. Luego mis amigos del blog Cita en la Glorieta me pidieron desarrollar la idea y publicaron una serie de reseñas más detalladas de algunas novelas ambientadas en ese momento histórico. https://bit.ly/2CTC12g

Los verdaderos héroes de Dunkerque https://bit.ly/2N7HhE2

Aún desconozco el motivo: coincidió con el estreno de la película Dunkerque y fue compartida en redes sociales de temas históricos, pero esta entrada alcanzó las diez mil visitas en apenas una semana, unos registros que multiplicaban por 50 la media de las cifras del blog. Cuenta una de esas maravillosas historias olvidadas que a mi tanto me apasionan. Ésta y otras historias sobre el exilio republicano fueron también recogidas en el blog de mis amigos Cita en la Glorieta. https://bit.ly/2NbAc5t

La causa 595 https://bit.ly/2CRDc2f

Cuando inicié la investigación histórica para la novela no podía imaginar que aún existiesen documentos como el Consejo de Guerra que siguieron contra mi abuela y otras personas que habían ayudado a la resistencia antifranquista. Dentro del maquis, el grupo de los Hermanos Quero (donde participó mi abuelo) “eran la Champion League, los más grandes”, me dijo un día Almudena Grandes cuando en una firma de libros le hablé brevemente del tema. Tras la muerte de Franco, en su archivo personal solo encontraron 9 documentos relacionados con los 40 años de oposición y 4 de ellos estaban relacionados con los Quero. 

Las viejas fotos de Cuba https://bit.ly/2NEQmnh

Cuando encuentras un hilo del que tirar luego no puedes parar aunque el ovillo sea mucho más grande de lo esperado. Es lo que me sucedió: encontré documentos sorprendentes que aportaban detalles minuciosos sobre mi abuela María, pero la historia llegó mucho más lejos. En el expediente militar del tatarabuelo Antonio López encontré sus vicisitudes como soldado raso en la Tercera Guerra Carlista y, décadas más tarde y ya como teniente, en una guerra caribeña y lejana. Aprovechando viajes de trabajo al País Vasco y Navarra pude visitar los escenarios de sus batallas carlistas -aún queda pendiente visitar Cuba-, pero el tatarabuelo solo permanecía en la imaginación: no había encontrado ninguna foto suya, hasta que una prima descubrió algunas. 

Más vale tarde… https://bit.ly/2NIC8lw

A lo largo de los años han sido bastantes las personas (muchas de ellas desconocidas para mi) que han contactado conmigo a través del blog. Algunos me contaban historias de sus antepasados que habían vivido las mismas circunstancias que los míos, otros simplemente me decían que me leían a miles de kilómetros de distancia. Una mañana leí un mensaje de mi tío Pepe, al que no conocía y que pudo encontrar a sus hermanas y sobrinos gracias a una única pista y a la magia de internet que le llevó a mi blog. Parece una historia de novela, pero como en casi todas las que me han ido apareciendo, la realidad ha superado a la ficción. 

Salvoconducto para la esperanza https://bit.ly/2NLat38

Hay fotografías que son un tesoro y que esconden mensajes maravillosos que descubres por casualidad muchas décadas después… 

“Los personajes que no caben en mi novela” da nombre a una sección del blog donde cuento las historias de personajes que fui admirando a medida que investigaba. De todas ellas hay 3 que me gustaría destacar: 

Arthur Koestler, el último mohicano de la prensa en la caída de Málaga https://bit.ly/2Ga2dHF

El héroe desconocido https://bit.ly/2x7FFQT

El último vuelo de los natachas https://bit.ly/2MvW9a6

10 julio, 2016

The Heroism of Spanish Republicans in World War II

When World War II broke out, nearly 150,000 Spanish Republican veterans remained in France. Most of them had been received with hostility by the French authorities after they had crossed the border just a few months earlier. Now, their experience in combat during the Spanish Civil War made them useful again for roles in military operations. They were offered the opportunity to leave the internment camps by enlisting in the French Foreign Legion. Most, however, held strong ideological convictions against this, and refused. When the French authorities realized that few Spaniards were enlisting, they invented another way to recruit these veterans: the Companies of Foreign Workers, entrusted with defense and the construction of fortifications. An estimated 75,000 men enlisted, voluntarily or by force, in these companies. Another 35,000 joined the French Army.

From the outbreak of the Second World War, the former Republican soldiers distinguished themselves in military operations against the Nazis. At the beginning of the war, the Allies decided to occupy the ports of northern Norway, from which Swedish iron was shipped to the Third Reich. Unfortunately, the Germans arrived first and invaded the country. French and British expeditionary forces tried to help the Norwegian armed forces to reconquer their country. Due to the Nazi advantage, however, they decided to concentrate on the northern ports. Among these Allied expeditionary units was the 13 Brigade of the French Foreign Legion, half of whose soldiers were former Republicans. Despite heavy casualties inflicted by superior enemy forces, the 13 Brigade managed to free the people of Narvik. General Béthouart, who was in command of the brigade, described these nine hundred Spaniards as "dark, troublemakers, difficult to command, but extraordinarily courageous.” Their accomplishment was in vain, because the Allied High Command decided to withdraw from Norway in view of the disaster on the French front. In this battle many Spaniards died; they are still buried there. One of them won the first French Military Medal. This was the first award of several thousand that our compatriots would win during the war.

Tombs of Spanish soldiers in Narvik
After the rapid advance of the German divisions and the collapse of the front in France, the British and French soldiers were besieged at the port of Dunkirk. There, the British hastily mustered all available boats. For five days Royal Navy evacuated the British Royal Expeditionary Force, only then allowing the boarding of French troops and soldiers from other nations. Those left behind included twenty thousand Spaniards enrolled in eight work companies, numbering 111 through 118. Less than half of the Spaniards from these companies had reached Dunkirk; the rest had fallen in battle or been taken prisoner. The Spaniards who did manage to reach the port were not allowed to board ships. Less than two thousand managed to reach the English coast by their own means, and most of these were treated as German prisoners and even returned to France. In France, Republicans who had been imprisoned by the Nazis were considered stateless, stripped of the status of prisoners of war, and deported to the death camps. Many of them were interned in Mauthansen, another story that merits retelling.

Our countrymen continued fighting for the duration of the war on several fronts, both in Europe and in North Africa. In 1942, the XIV Army of Spanish Guerillas was created in honor of the unit of the same name which had fought during the Civil War. It was formed of 7 divisions and 31 battalions, which were reorganized into the Association of Spanish Guerillas. These units, although in theory dependent on the Free French armed forces, had complete autonomy and were instrumental in Resistance operations against the Germans.



On the night of August 24, 1944, the 9th Company broke into the center of Paris via the Porte d'Italie. Its soldiers wore American military uniforms, but belonged to the French army coming to liberate Paris. Names like Belchite, Guadalajara and Brunete were emblazoned on the fairing of their tanks. The first to enter the town hall square, firing at a nest of German machine-guns, displayed in white letters the word “Ebro.” When civilians took to the streets singing the Marseillaise, they were astonished to see the first Allied soldiers speaking Spanish and waving the tricolor flag of the Second Spanish Republic. The 9th Company was composed of Spaniards and belonged to the 2nd Armored Division. Commanded by General Leclerc, the 2nd Division had landed at Normandy and advanced on the French capital. The division also participated in the equally symbolic military operation of taking the Eagle's Nest, the mountain residence from which Hitler had planned the conquest of Europe. Of the 148 Spanish soldiers who landed on Utah Beach in Normandy, only 16 survived the war. It was the 9th Company, the names of the cities where its soldiers had fought during the Civil War painted on its tanks, that opened General de Gaulle’s victory parade on the Champs Elysées in Paris. In March 1945, the French government gave the Republicans refugee status, in recognition of their heroics in the Resistance and in the victory over fascism.

Spaniards in the victory parade
But, later, the official history forgot them. The brave British army did not want to remember the shame of its behavior at Dunkirk, and De Gaulle’s chauvinistic nationalism could not admit that the first soldiers to enter Paris had been Spanish. The victors broke the last hope of these men who, after being defeated in their own country and neglected by their neighbors, did not hesitate to again take up arms to liberate Europe from fascism. Europe did not try to continue its struggle, and permitted the fascist dictator of Spain to die in bed after forty years of tyranny and the stories of these heroes to rest, like so many others, in the box of oblivion.


You can find more information on the following websites, which I consider very interesting:


English translation by Katya Anderson of the spanish text: 

http://dormidasenelcajondelolvido.blogspot.com.es/2010/08/el-heroismo-de-los-republicanos.html

08 julio, 2016

The Last Flight of the Natachas

In war, improving weather is never a good omen for those awaiting an attack. On the morning of December 24th, 1938,  everyone at Rosanes, an airfield near La Garriga, was looking forward to the Christmas Eve party. Under the Republic, this holiday had been disguised as a “Winter Festival.” Unfortunately, Franco had launched the final offensive against Cataluña the previous day, and by mid-morning the activity on the airfield had become intense. The Natacha squadron had just received the order to bomb the enemy advance near Fonllogosa, on the Balaguer front.

The trucks were driving across the runway, starting the engines of the planes. The gunners were testing their weapons by firing short bursts. The pilots could not do the same. Due to the matériel shortages, the forward-facing machine guns had been dismounted in order to equip Polikarpov I-15 “Chatos,” which left the Natachas unarmed should the gunner be overcome by enemy bullets. At two o’clock, the first airplane took off, piloted by squadron leader Eustaquio Gutiérrez of Toledo. After a few minutes, the nine Natachas—grouped in an arrow of three patrols—left the sky of La Garriga. Half an hour later, they met up with their fighter escort, the two remaining squadrons of Polikarpov I-16 “Moscas.” The ten airplanes of 6th Squadron flew two hundred meters above the bombers, while the nine of 7th Squadron flew about halfway between 6th Squadron and the Natachas. The fighters had to zigzag to match speed with the slow bombers without stalling. At this point in the war, the Natachas were already obsolete in light of the technical advances of the latest Italian and German airplane models that were operated by the Nationalists.

After an hour and twenty minutes in the air, the Natachas arrived at their target and were received by dense antiaircraft fire. They dropped their bombs at an altitude of five hundred meters and began the flight home. The intensity of the ground fire forced them to disperse too much, although they did not break formation entirely. The shooting stopped suddenly. The escorting Moscas were already far away when a storm of Nationalist Fiats bounced the Natachas. The enemy fighters, which were returning from a mission to protect a bombing raid, had noticed the situation. The Fiats mercilessly attacked the Natachas, whose only defense was a dizzying dive. Without fighter cover or rapid-fire machine guns, they were easy prey.

The first to fall was the squadron leader, Eustaquio Gutiérrez, and his gunner, Teodoro Garrote. They were wounded by bullets, forced to parachute above enemy territory, and captured. Gutiérrez’ right wingman was also hit by Fiats. The pilot, José Gómez, received a shrapnel wound to the head. Almost blinded by blood, he was also in extreme pain from an explosive bullet in his ankle. Meanwhile, the gunner, Juan José Ruiz, who had received six shots in one leg, continued to fire until he fainted. When they reached Republican lines, the fuel was running along the floor of the cabin, threatening fire. They force-landed on a mountain two kilometers to the north of the Osó of Balaguer, a shrubland near a ravine. They were picked up by a small group of Republican soldiers that saw the accident and carried them by mule to a field hospital. The doctors, believing the pilot dead, concentrated on his comrade until a seven-year-old boy touches the body and realized that Gómez was still alive. Later, he would regain consciousness, but he would remain deaf because they had to remove both ears. The gunner’s leg had to be amputated.

The third airplane of the first patrol, Guiterrez’s left wingman, was hit. The gunner, Diego López, stopped shooting because of his wounds. Defenseless, the pilot Antonio Nicolás managed to reach Republican territory, but he died in a crash while trying to force-land. His gunner would follow him to the grave a day later.

The Natacha that led the second patrol, piloted by Farncisco Palma, dove wildly, hounded by its pursuers, and managed to land near Tárrega. However, the plane was irreparably damaged and both pilot and gunner injured. To their right, Antonio Arijita’s airplane managed to escape alone without anyone having seen it, but it did not return to Rosanes. Arijita and his gunner, Martiniano Lumbreras, were both presumed dead. Their comrades did not know that he had managed to land in Vic without being hit by a single bullet.

The bomber to the left, in which Isidoro Nájera and Dionisio Onoro were flying, managed to escape with one from the third patrol, that of Luis Villalvilla and Antonio Lizaga. Aided by the four fighters that follow them, both Natachas defended themselves, even managing to shoot down one of the Fiats. These two Natachas were the only ones that managed to return to La Garriga.

The leader of the last flight, Hector de Diego, dove at over 500 kilometers per hour while he listened to the insults of his gunner mixed with the staccato gunfire. After leaving the fighters behind, he tried to force-land immediately so that his gunner, who had been wounded in the leg, could receive medical attention. De Diego’s Natacha nosed up on a field, where the airplane turned over abruptly. After being attended to in Cervera, they managed to return to Barcelona in a car. After spending a few hours in the Platón Clinic where his companion’s leg wounds were treated, de Diego decided to leave him and return to La Garriga.

The last Natacha, that of Ramón D’Ocón, had worse luck. Pursued by some of the most experienced enemy pilots, among them the Nationalist ace García Morato, this last airplane was the one that received the most hits. The gunner, Enrique Sanz, never stopped firing his rapid-fire Shkás. That day, it had been his turn to relieve a comrade as the photographer in the last plane. After the Natacha was overtaken, the pilot parachuted. Despairing, he watched the airplane, with Enrique Sanz still inside, crash into the swamp of Camarassa. After hiding all night in no-man’s land cursing the death of his friend, D’Ocón managed to reach Republican lines.

When Hector de Diego arrived at La Garriga, at three on Christmas morning, the silence was sepulchral. The table had been set for the Christmas Eve dinner, but it was untouched, the emptiness lit by candlelight. The Natacha squadron of Rosanes was already history.

Members of 2nd Squadron in front of the Chalet. 
Photograph taken by Héctor de Diego, one of the pilots.


Note: Following an annual tradition, on Sant Jordi’s Day (April 23rd), my wife Laura gave me a book: Aviació i guerra a La Garriga. 1933-1946 by David Gesalí and David Iñiguez. Although the narrative sometimes gets lost in local, somewhat provincial, details, the book is magnificently documented and illustrated. This article draws some crucial details from that work.

Translation by Katya Anderson of orgininal spanish text: http://bit.ly/29mVUei




15 enero, 2015

La palabra del aviador

La anterior entrada en este blog me llevó a la relectura de la novela El silencio del aviador de Paul Nothomb y al descubrimiento de su libro Malraux en España y, con ello, mi fascinación por el personaje y por aquellos que le rodearon no ha hecho otra cosa que aumentar.

En septiembre de 1936 Nothomb es un joven de veintidós años que decide utilizar los conocimientos de aviación, que había adquirido como alférez bombardero del ejército belga, para ponerse al servicio de la República Española. Se describe a sí mismo como el hijo descarriado de una buena familia de la derecha católica belga. Se niega a llevar el apellido de su padre, un simpatizante del fascismo con el que tiene una relación tormentosa.

Cuando llega a Madrid se siente “un bolchevique de acero”, un “estalinista ejemplar” dispuesto a morir por la causa de la revolución. A sus camaradas les parece demasiado “alemán” su antiguo uniforme de botas altas y aire marcial, tan diferente a la disparidad con la que visten los milicianos. Nothomb se sorprende de la situación que reina en las calles: “La indisciplina reinaba como dueña absoluta, llevada por su reciente triunfo nacido en el heroico caos del asalto a los cuarteles. Esa hazaña de algunos se la apropiaban todos”.


Paul Nothomb (3º por la izq.), fotografiado en Septiembre de 1936 junto a algunos de sus compañeros
 de la Escuadrilla España.  "Malraux en España". Editorial Edhasa


La euforia idealista de los que han logrado frenar al fascismo se expande sin freno. Podemos verla aún hoy en los rostros que captaron algunos de los fotógrafos más famosos, esas caras sonrientes y exaltadas de los que se sienten invencibles y que Nothomb describe de forma magistral: “Eran niños grandes y salvajes, de vacaciones por primera vez en sus vidas, que rechazaban cualquier obligación y se agrupaban según el estado de ánimo, jugándose a disfrazarse con pañuelos, brazaletes de colores y creyéndose invulnerables”.

Para un hombre pragmático y serio como él, todas aquellas muestras le parecían absurdas frente a un enemigo que avanzaba y que cada vez estaba más cerca. Especialmente la orgía utópica de los anarquistas, más preocupados por imponer su revolución libertaria que por ganar la guerra: “La CNT colectivizaba los transportes, decretaba su gratuidad total y organizaba las grandes vacaciones de la multitud invitándola a diario a reuniones y desfiles”.

En ese contexto, sólo la capacidad organizativa del cada vez más poderoso Partido Comunista podía poner freno al desbarajuste que campaba en las filas republicanas. Nothomb es nombrado comisario político de la Escuadrilla Malraux, pero el ambiente de camaradería que gobierna la unidad, formada por miembros de varios países, es muy diferente a la disciplina férrea que algunos comisarios políticos tratan de imponer entre sus camaradas. No obstante, Nothomb descubre en la guerra española el horror del estalinismo y, al igual que otros intelectuales que vinieron a defender la República como John Dos Passos o Arthur Koestler, acaba desilusionado.

Muchos años más tarde escribiría en su libro Malraux en España: "Hoy me consta que los que fuimos sin duda sinceros comunistas éramos los cómplices de grandes crímenes. Nos encontramos a finales de 1936, es decir, en el momento en que Stalin se lanza a sus purgas más sangrientas, cuyos ecos llegan hasta nuestros oídos y dan lugar a violentas discusiones entre nosotros. Después de todos estos años, sin embargo, me niego a considerar a mis camaradas del Partido de manera distinta a como lo hacía entonces"

Pero la situación a finales de 1936 comenzaba a ser dramática. Ante un enemigo que amenazaba con tomar Madrid y con la marcha del gobierno de la capital hacia Valencia, no había demasiado tiempo para pensar. El tiempo de los discursos había pasado. La guerra no se podía ganar con palabras, sino con actos de valentía, actos como la última acción de la Escuadrilla España.

El 10 de febrero de 1.937, decenas de miles de refugiados huían de Málaga acosados por los fascistas. La mayoría de ellos eran mujeres y niños indefensos, que habían sido atacados sin piedad durante varios días. Nothomb estaba entre los miembros de la tripulación de los dos bombarderos Potez, los únicos que acudieron en su ayuda. En su novela El silencio del aviador nos ofrece una perspectiva única y diferente de aquella desgracia:

“Se produjo entonces como un mazazo, la catástrofe de Málaga. […] Replegadas en Valencia, las autoridades acudieron a la aviación -¡la aviación internacional!- como último recurso. Los que a la víspera eran partidarios de esperar acontecimientos, ahora, fuera ya de sí, ya no querían esperar nada. Ni siquiera el apoyo de los cazas, estacionados en Madrid. Para detener la masacre, para frenar el avance enemigo, se hacía imperativo enviar inmediatamente al Sur todos los bombarderos disponibles.”

“Aterrizaron al anochecer, cargados de bombas. Al alba despegaron en busca de la columna. Encontrarla no fue difícil. La carretera, la única que había, se extendía a lo largo de la costa, primero desierta y luego, al cabo de cien kilómetros, súbitamente poblada: burros, carretas, rodeadas por una masa de peatones: la cabeza (los primeros en partir o los más rápidos) de una multitud que iba creciendo a cada minuto”.

“Aquí y allí se veían algunos rectángulos negros; eran coches, todos parados, y sin duda abandonados, que los fugitivos, como limaduras repentinamente imantadas, ceñían a su paso.  También a veces las líneas de puntos se agrupaban  y se desviaban hacia el borde exterior de la carretera, como para sortear unos obstáculos todavía ocultos por las sombras de las rocas. Atrier adivinó  que se trataba de cadáveres”

Esa fue la última acción de la Escuadrilla España. Sus dos últimos aparatos, pesados e indefensos, fueron derribados y Nothomb resultó herido en una pierna y marchó a Paris a restablecerse. Su acción ayudó a frenar el avance enemigo y salvó muchas vidas. Mis abuelos y mi madre –entonces una niña de dos años- formaban parte de esa marabunta asustada y se quedaron a vivir no muy lejos de donde habían caído los aviones. Allí pasarían el resto de la guerra.

27 diciembre, 2014

El héroe desconocido

Hace unos días recibí un email desde Holanda. El remitente se interesaba por una entrada que publiqué en el blog hace más de dos años:


Me preguntaba sobre Jan Frederikus Stolk, un piloto que murió el 11 de febrero de 1937 en la última acción de la Escuadrilla Malraux. Su nombre aparecía fugazmente en mi texto y quería averiguar más sobre él. Más adelante explicaba que era hijo de un brigadista internacional y que en su país estaban llevando a cabo una investigación sobre los brigadistas holandeses, la nacionalidad de Stolk. Yo había acompañado mi artículo con una fotografía en la que varios de los miembros de la escuadrilla sonreían a la cámara y quería saber si Stolk era uno de ellos.

La verdad es que apenas sabía nada de él, más allá de la breve referencia en un texto escrito más de dos años atrás, pero sus preguntas despertaron mi interés y prometí ayudarle. Había encontrado esa fotografía en internet y de nuevo con la ayuda de Google y buscando entre las fuentes que manejé en su momento supe que aparecía publicada en un libro: “Malraux en España”, escrito por Paul Nothomb.


Nothomb era el protagonista de aquella entrada y su novela, “El silencio del aviador”, una de sus fuentes principales. Volví a leerla y esta vez encontré en una biblioteca de Barcelona su “Malraux en España”. Pero antes recibí un segundo mail desde Holanda con una fotografía donde aparecía Stolk junto a una docena de compañeros posando delante de uno de los bombarderos de la escuadrilla, un Potez 540. Su silueta destaca a la izquierda del grupo: es el más alto y el único que viste la chaqueta de cuero, el casco y las gafas de aviador. Luego la vi en la página 145 de “Malraux en España”, donde se explica que fue tomada apenas unas horas antes de su muerte.


El libro está ilustrado con un centenar de fotografías que describen la vida de los miembros de la Escuadrilla durante la Guerra Civil. La mayoría fueron tomadas por Raymond Maréchal, uno de sus integrantes. En buena parte de ellas, mecánicos y pilotos posan delante de sus aviones, pero también hay imágenes tomadas desde el aire en pleno vuelo, aparatos siniestrados o fotografías de la vida cotidiana, como la que yo había incluido en el blog dos años atrás, donde Malraux, el organizador de la escuadrilla, aparece sonriente, rodeado de camaradas en el pueblo valenciano de Torrent, donde disfrutaron de unos días de tranquilidad, alejados por un momento del horror de la guerra.

Entre las muchas fotografías del libro, Stolk solo aparece en una segunda: con el torso desnudo, empuña en el mango de lo que parece ser un pico que clava en la tierra. Por mucho que traté de encontrar su rostro entre el resto de las imágenes, no lo encontré. Luego supe el motivo: el propio Nothomb explica que apenas lo conocía porque se había incorporado al grupo unos días antes de su muerte y, de hecho, ésa fue su primera y única acción de combate.



Aunque tenía la nacionalidad holandesa de su padre, Jan Frederikus Sotlk era en realidad indonesio, de donde era su madre, de la que había heredado los pómulos salientes y la piel oscura. Anticolonialista convencido, había cruzado más de veinte mil kilómetros para luchar por la República Española. “¿Qué había venido a hacer entre nosotros este mestizo nacido  en la otra punta del mundo?” se pregunta sorprendido Nothomb en su libro, que poco más nos cuenta de él: “todavía me maravilloso del historial de este magnífico chico, que parece salido de una novela de Malraux: magnífica antítesis del modelo colonial bátavo, era comunista y piloto con las misma convicción."

Pero mientras su vida continúa siendo un misterio, su muerte aparece descrita con todo detalle en otro libro de Nothomb: “El silencio del aviador” o en la novela de André Malraux: “L’Espoir”.

El 8 de febrero de 1937, Málaga cayó en manos de las tropas franquistas, pero desde varios días antes, decenas de miles de malagueños y de refugiados de otras provincias andaluzas, habían abandonado la ciudad por el temor a la represión. Lo hicieron por la única vía que quedaba: la carretera que serpenteaba junto a la costa hacia Almería. Durante varios días la marabunta, formada en su mayoría por mujeres, ancianos y niños, fue ametrallada desde el aire por los aviones alemanes y bombardeada desde el mar por los barcos nacionales.

El frente se desmoronó en mitad del caos y el gobierno republicano, con sede en Valencia, tardó demasiado en reaccionar. Sin reservas militares en tierra, el Ministro del Aire, Hidalgo de Cisneros -un aristócrata que había abrazado la causa del comunismo-, solo encontró a la Escuadrilla Malraux para que acudiera en auxilio de las personas que huían. Tras varios meses de guerra, a la escuadrilla apenas le quedaban operativos dos bombarderos Potez 540. Los aparatos se dirigieron hacia Motril con la misión de frenar el avance de los fascistas italianos, que formaban la vanguardia de las tropas de Franco, en su primera acción en la guerra.

La ultima imagen tomada del bombardero Potez 540 de Stolk y Nothomb
En la mañana del 11 de febrero, después de frenar el avance enemigo, un enjambre de cazas italianos Fiat C32 se abalanzó sobre los dos aviones republicanos. Nothomb lo explica en su libro “Malraux en España”: “Hacía buen tiempo. Un poco más lejos, sobre la carretera costera, una pequeña tropa de hormigas se agitaba alrededor de enormes escarabajos súbitamente inmovilizados. Fue entonces cuando vimos aparecer en el horizonte otro tipo muy diferente de insectos, mucho más temibles. Esperamos los moscas rusos, cuyo apoyo habían prometido; los busqué en vano. Pero tuve tiempo de sobras para contar más de veinte cazas Fiat: brillaban al sol durante la interminable caída del Potez”.

El bombardero donde luchaban Stolk y Nothomb fue alcanzado, mientras el otro huía en dirección a Almería rodeado de aparatos enemigos. Nothomb nos describe el suceso con maestría en su novela ”El silencio del aviador”: “Varios haces de balas trazadoras dejaban estrías de fuego una y otra vez en el interior de la carlinga”.

Tras recibir el impacto los tripulantes trataron de sobreponerse a su situación desesperada: “Como si se destripase, el avión remontó hacia el cielo. Dejaron de oírse las balas. Pero si se olía un olor acre… La costa reapareció en el horizonte: un muro rocoso, a la vez tranquilizador y terrible”.

Stolk fue herido de gravedad en la primera pasada de los cazas enemigos. “El segundo piloto se apretaba el vientre con ambas manos. Su respiración era dificultosa, su mirada despavorida, sus rasgos descompuestos por el dolor.”

A pesar de ello, realizó un último esfuerzo antes de desmayarse: “El herido dejó de sujetarse la barriga, se aferró a un travesaño y bajó la palanca. El avión dio un brinco espectacular. El ala izquierda se hundió y el motor derecho se hizo visible en toda su evidencia: ardía como una tea”.

El bombardero acabó estrellándose en la orilla: “El avión chocó con la superficie del mar con un ángulo muy escaso, milagrosamente rebotó y fue a asentarse a un banco de guijarros a escasos metros de la costa. El morro acristalado, que había soportado todo el peso de la frenada, quedó seccionado como un huevo abierto en un extremo superior, mientras el motor, anegado, se apagaba”.

El estado en el que quedó el avión después de estrellarse

Los dos tripulantes que no estaban heridos ayudaron a sus compañeros a salir del avión. Stolk se había llevado la peor parte: “Descansaba sus dos manos sobre la herida y cabeceando rechazaba cualquier contacto, pidiendo sin cesar que le dieran de beber”.

La herida en el vientre desaconsejaba que le dieran agua, a pesar de ello Nothomb trató de aliviar su dolor y le habló en holandés. Uno de sus compañeros se hizo con un caballo y al rato volvió con una ambulancia, la del médico canadiense Norman Bethune –de quien se ha hablado en este blog-.

El trayecto hasta Almería fue muy duro según las palabras de Nothomb: "Hipersensible a pesar  de estar inconsciente, no paró de delirar hasta llegar a Almería, pegando alaridos a cada bache de la carretera".

Murió en un hospital de Almería, que nos describe así: "era un lugar lúgubre. Vacío de sus enfermos transportables y de tres cuartos de su personal (desplazados hacia otra retaguardia), se preparaba, resignado, a acoger la oleada de desahuciados”. Pese a que le hicieron una transfusión, ya nada pudieron hacer por salvarlo.

Jan Frederikus Stolk vino desde la otra punta del mundo para dar su vida a cambio de salvar la de otros. Gracias a la última acción de la Escuadrilla de Malraux, decenas de miles de refugiados consiguieron escapar de sus perseguidores que vieron frenado su avance en Motril. Stolk era solo un apellido de rastro difuso, uno de esos héroes anónimos cuya historia duerme en el cajón del olvido, una historia que deseo que logren recuperar los investigadores que tratan de conocer los detalles de su biografía, la que el propio Nothomb calificaba como maravillosa y salida de una novela de la que quizás algún día conozcamos más detalles.

Nota.-Todas las fotografías que acompañan este texto aparecen en el libro: “alraux en España”, escrito por Paul Nothomb y publicado en el año 2001 por la Editorial Edhasa, ISBN: 84-350-6506-5.

La novela “El silencio del aviador”, también de Paul Nothomb fue publicada en el año 2006 por la Editorial Funambulista, ISBN: 84-96601-02-1.