27 mayo, 2019

Pequeño homenaje a uno de los últimos brigadistas


Cuando en 1936 estalló la guerra en España 35.000 hombres y mujeres de más de 50 países se alistaron en la lucha contra el fascismo y vinieron a nuestro país, desde todos los rincones del mundo, a combatir en defensa de la República.

El 28 de octubre de 1938 los altavoces en Barcelona anunciaron su despedida con solo 20 minutos de antelación. El enemigo ya estaba cerca y la prudencia era necesaria. En pocos minutos las calles se llenaron y más de 20.000 personas acudieron al desfile de los 6.000 brigadistas que se marchaban. Muchos de sus compañeros caídos quedaban en España para siempre.

En su discurso, Dolores Ibárruri la Pasionaria, apenas contenía la emoción:

“Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfume en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales.  Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigiladas por perros rabiosos deseosos de clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariños, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: «¡Aquí estamos»!, vuestra causa, la causa de España es nuestra misma causa, es la causa de toda la humanidad avanzada y progresiva”.

Fotografía de Robert Capa sobre el acto despedida de las

En la despedida se les prometió la nacionalidad española a todos ellos, pero la promesa tardó más de 58 años en cumplirse. En noviembre de 1996 el Parlamento español por fin lo hizo. Eran los primeros meses del gobierno del que se iba a convertir en el peor presidente de nuestra democracia. José María Aznar se negó a recibirlos, al igual que otras autoridades del Partido Popular que se inventaron las más peregrinas excusas. Pero el pueblo español les brindó el homenaje que se merecían.

Yo estuve en las gradas del viejo Palau d’Esports de Barcelona la noche emocionante en la que recibieron el cariño de la ciudad que los había despedido, en el preludio de la derrota, casi seis décadas antes. Durante más de una hora, aquellos poco mas de 300 ancianos y ancianas volvieron a desfilar felices –algunos de ellos con evidentes problemas de salud- entre los aplausos entusiastas de una multitud que llenaba el recinto.

Al final del acto arreció la lluvia y una improvisada cadena de voluntarios ofrecimos nuestros paraguas para acompañarles a los autobuses. Aún recuerdo el brillo en sus miradas orgullosas y su generoso agradecimiento, la felicidad por servirles de ayuda aunque solo fueran unos segundos.

Entre las historias de este blog aparecen las de algunos brigadistas como el holandés Frederik Stolk http://bit.ly/2VTRrrB , el francés André Malraux http://bit.ly/2X5gdXa, el belga Paul Nothomb http://bit.ly/30M8QWO, el inglés George Orwell http://bit.ly/2X9mXmT, la rusa Elizaveta Parshina http://bit.ly/2woCCmp, y otras muchas que permanecen en mi lista de intenciones a la espera del momento oportuno.

Una me ha parecido maravillosa y no puede esperar más.

Hace unas semanas leí en una red social la noticia del fallecimiento del último brigadista canadiense: Bill Krehm. Me emocionó la fotografía: sobre su ataúd reposaba una única bandera, la tricolor republicana. Setenta y un años después de abandonar España, el amor por nuestro país quedaba claramente reflejado en esa imagen.

Esta mañana he leído otro mensaje en la misma red social que llamó mi atención de inmediato. En México uno de los últimos brigadistas vivos pasa por delicados momentos de salud y se pedían mensajes de apoyo y gratitud.

Virgilio Fernández ya ha cumplido cien años. Sólo tenía diecisiete cuando estalló la guerra. Le pilló trabajando como practicante en el Hospital Princesa de Madrid. Sin dudarlo se alistó voluntario y lo enviaron de sanitario al frente de Somosierra. Más tarde, ya como teniente de los servicios sanitarios de las Brigadas Internacionales se incorporó a la columna Dombrowski, -de la que también hablo en el blog - http://bit.ly/2wmizFf,  formada sobre todo por polacos.

Participó en las batallas más terribles: Guadalajara, Brunete, Belchite, intentando salvar vidas en primera línea de combate. Cuenta cómo en la Batalla de Ebro llegaron a evacuar a más de mil heridos diarios. La caída de Barcelona se produjo mientras trabajaba en el Hospital de Sant Pau, donde robó una ambulancia a punta de pistola para poder evacuar a heridos que solo podían esperar la muerte a la entrada de los franquistas en la capital catalana.

En Francia pasó meses en el campo de internamiento de Sant Cyprien, pero pudo reencontrarse con su familia y exiliarse a México donde pudo licenciarse en medicina. Hace apenas un año regresó por última vez a España y recibió el homenaje de políticos como Manuela Carmena o Pablo Iglesias.

Esta misma mañana yo no sabía quien era Virgilio Fernández. A lo largo de la investigación histórica que realicé para escribir la novela que contase la historia de mi abuela materna, me fui encontrando con la de centenares de héroes, la mayoría de ellos casi anónimos, que no merecen dormir en el cajón del olvido.

Cuando comencé a escribir este blog lo hice con la idea del que lanza una botella con un mensaje al inmenso océano de internet sin saber quién lo acabará leyendo.  En estos años han ido apareciendo personas maravillosas. Ahora que el recuerdo de los días doloridos y sangrientos se esfuma en un presente de libertad le seguiremos hablando a nuestros hijos de los héroes que combatieron por legarnos un mundo mejor y más libre, les hablaremos de personas como Virgilio. Sería un honor que leyera el mensaje,

03 marzo, 2019

Oporto con los cinco sentidos


LA VISTA

El metro conecta en media hora el aeropuerto con el centro por 2’60 euros. Nuestra parada es Jardim do Morro. El azar ha querido que el primer encuentro visual sea el más espectacular posible. A la salida del túnel, mientras el vagón cruza el puente de Dom Luis, la ciudad se muestra a través de los ventanales. Justo al final del magnífico puente de hierro, ya en la ribera de Vilanova de Gaia, la panorámica de su vecina Oporto es inolvidable. La luz ambarina de la primera hora de la tarde se refleja en los coloreados edificios de la Ribeira y las calles que ascienden en cuestas interminables hacia la Sé, que es como aquí llaman a la catedral. Al otro lado del meandro del Douro se alinean los barcos rabelos, que antiguamente transportaban los toneles de vino desde río arriba y las bodegas, indicadas por los rótulos de sus marcas en los tejados, la mayoría de ellos de apellidos ingleses: Taylor, Graham, Cockburn…



Oporto también entra por la vista en el abigarrado interior de sus iglesias barrocas, cubiertas de maderas doradas, forradas de pan de oro como las de San Francisco o la de Santa Clara.



Hay tiendas maravillosas que resisten la presión de esas grandes cadenas que globalizan el mismo gusto, tiendas únicas que pueden  resultar un viaje en el tiempo. Los estantes de A vida portuguesa son un espectáculo de colores donde se ordenan jabones, aceites, latas de conservas, tabletas de chocolate, juguetes de latón, brochas de afeitar, colonias y todo tipo de productos portugueses. Compro una brocha y jabón de afeitar por 22 euros y disfruto del olor de la pastilla y del tacto del mango de madera y del pelo de las cerdas. A vida portuguesa, Rua de Cândido dos Reis 36.



EL OÍDO

La palabra fado proviene de la latina fatum, que significa destino. En la Casa da Guitarra el fado destila melancolía acompañada de la musicalidad de la guitarra portuguesa, de doce cuerdas, y de una guitarra clásica. La voz maravillosa la pone la cantante que se presenta como Ana Margarida. Cada día canta a las seis de la tarde durante una hora. En realidad  el espectáculo dura un poco menos porque lo acompaña una breve pausa para maridar el fado con el delicioso vino do Porto. Casa da Guitarra, Av. Vimara Peres 72.

EL GUSTO

El desayuno.

La Leitaria Quinta do Paço abrió en 1920 para vender leche, mantequilla y queso. Hoy continúa ofreciendo esos productos, pero es famosa sobre todo por sus eclairs (petisús) que son un paraíso para los sabores: el clásico de chocolate con leche, el de frutos rojos,  el de caramelo, el de chocolate negro o el crocanti… son de una suave pasta, pero lo mejor está dentro: la nata más deliciosa que recuerdo haber probado. Las fotos antiguas colgadas de la pared recuerdan la elaboración y la distribución de otros tiempos, pero la calidad permanece hoy con un precio también espectacular. ¡Delicias a sólo 1’50 euros! Leitaria Quinta do Paço, Praça Guillherme Gomes Fernandez 47.



Padeirinha Doce. Su atiborrado escaparate de pasteles invita a entrar. El ambiente interior es muy popular y escasean los turistas. Mientras los hombres se alinean en la barra, las mujeres conversan animadamente sentadas alrededor de las mesas. La bollería no es refinada, pero los precios son tan populares como el establecimiento. Un café con leche con tostadas (las portuguesas se hacen con rebanadas más gruesas de pan y son deliciosas) por sólo 2’20 euros. Padeirinha Doce, Rúa Augusto Rosa 46.

La comida

Taberninha do Manel. Situado en Vilanova de Gaia, junto a la ribera del Douro, donde se cocina unos de los mejores Bacalhau à brás de la zona. También es conocido por su chorizo frito y sus empanadillas. Probamos los tres platos y nos parecen tan ricos como las natas de postre. La camarera es todo un personaje que derrocha amabilidad y abrazos con los clientes habituales. Taberninha do Manel, Av Diogo Leite 308.

A Grade. Leímos que cocinan el mejor pulpo al horno de Oporto. Al menos coincidimos en que es el mejor pulpo que hemos probado. También es delicioso el Bacalhau de la casa, hecho al horno con  verduras y patatas. A Grade, Rúa de San Nicolau 9.

La merienda

Café Majestic. Toda ciudad que se precie elegante debe tener una cafetería con grandes espejos,  antiguas sillas y mesas de madera oscura. El Majestic es un buen lugar para saborear el magnífico café portugués. Podemos pedir un galao (café con leche) o pingado o pingo (cortado). Aquí es casi obligado acompañarlo con una rebanada, una sabrosa torrija con frutos secos. Los precios están muy por encima de la media de la ciudad, pero merece la pena. Café Majestic, Rúa da Santa Caterina 112.



La cena

Café Santiago. La francesinha es el plato más típico de Oporto. Se trata de una auténtica bomba calórica, un sándwich de carne, mortadela, jamón, queso, coronado por un huevo frito, rodeado de patatas fritas y todo cubierto por una salsa que incluye no menos de 24 ingredientes. A nosotros nos parece una extraña mezcla que no nos convence demasiado, pero que nos deja saciados. Según las encuestas populares la mejor francesinha la preparan en el Café Santiago donde un sábado por la noche tuvimos que hacer más de media hora de cola. Café Santiago, Rúa Passos Manuel 198.

EL OLFATO

Bodega Taylor. Nada más cruzar las puertas de cristal que dan paso a la penumbra de la bodega nos asalta un intenso olor a vino, una mezcla de dulzores y humedades que enciende de inmediato la pituitaria. Las bodegas se alinean junto a la ribera de Vilanova de Gaia. Las uvas prefieren el sol de los valles del Alto Douro, pero los vinos de Oporto reposan mejor en la humedad del río ya cercano a su desembocadura. Hay muchas bodegas y todas ofrecen visita con cata incluida. Casi por azar nos decidimos por la Taylor. Su visita es algo más cara, pero merece la pena. Es una de las más antiguas, grandes y famosas. Durante más de tres siglos ha sido dirigida por varias generaciones de familias con apellidos ingleses. La autoguía va susurrando la historia de la bodega, tipos de vino y procesos de elaboración. Al final de la visita, ya con la caída de la tarde, probamos un blanco seco que califican como raro para la zona y que es parecido a un jerez y un vintage. Ambos son ricos, pero nos quedamos con el dulzor del segundo. Bodega Taylor, Rua do Choupelo 250, 4400-088 Vila Nova de Gaia.

Chocolataria Equador. En la entrada te abofetea un delicioso olor que despierta todos los sentidos. Las tabletas de coloreadas envolturas y los enormes trozos de chocolate de diferentes sabores que venden al peso, hacen que no puedas resistir la tentación. Maridamos un Oporto Ruby con un bombón de naranja y un Tawny con otro de frutos rojos por 10 euros. Se hace muy difícil decidirse por una de las dos opciones, pero yo me rindo ante el dulzor de vino Tawny. Concha como siempre, se inclina por su favorito chocolate con naranja. Rúa de de Santa Clara, 44.

EL TACTO

La cultura de masas que arrastra el cine puede llegar a destrozar los lugares más interesantes. La película “La playa”, protagonizada por Di Caprio ha arrojado hordas de turistas a las playas de la isla Phi-Phi en Tailandia. Algo parecido sucede con la Livraria Lello, calificada por el escritor Vila Matas como la más bonita del mundo. Inspiró a J.K Rowling el escenario de  su insoportable Harry Potter y ahora sus fanáticos seguidores se agolpan en sus pasillos y en esa maravillosa escalera con sus interminables fotografías y selfies. ¿Qué relación tiene una librería con el tacto? Solo hay que subir por su escalera de caoba y rozar el pasamano para comprobarlo. Los libros además pueden llegar a tocarnos el alma. Decido comprar uno del escritor portugués Antonio Lobo Antunes para poderme descontar los 5 euros obligatorios del ticket de la entrada (otro defecto de la cultura de masas). Livraria Lello, Rúa das Carmelitas 144.




31 diciembre, 2018

Mi felicitación para el 2019


Ahora que se malbaratan palabras como exilio o preso político, que los nacionalismos -de todo tipo- nos hacen creernos mejores que nuestros vecinos, impulsando a levantar fronteras y a cerrar puertos, a rechazar a todo el que viene de fuera, ahora que las ideas parecen polarizarse hacia extremos en los que no es fácil ni entenderse, ni encontrarse… Conviene recordar que los extremismos nunca traen nada bueno y que nadie huye de su casa por gusto.

A principios de febrero de 1937, las tropas franquistas iniciaron su avance hacia la ciudad de Málaga desde todos los frentes. La población civil inició lo que se llamó “la desbandá” para huir del sufrimiento y, en muchos casos, de la muerte. Mi abuela María tuvo que abandonar su casa de Jayena, un pueblo del sur de Granada, donde se habían refugiado al inicio de la guerra, y cruzar las Sierras de Tejeda y Almijara. Lo hizo en compañía de su hija –mi madre- que tenía menos de dos años. El mal tiempo frenó el avance enemigo durante unos pocos días, dándoles la oportunidad de escapar. Los documentos que pude encontrar certifican esa huida y confirman las narraciones orales de la familia. Solo después de algunas semanas, María pudo reencontrarse con su marido y también con dos de sus hermanos.

Los cuentos de Navidad hablan de una huida en burro. Con este texto –que en realidad forma parte de una escena de esa novela que sigue varada desde hace tiempo- quiero desearte mis mejores deseos para el 2019. Disfruta mucho de la vida, pero no te olvides de combatir con tus palabras, tus votos, tus actos… la intolerancia, la xenofobia, el racismo, el machismo y las nuevas caras que traen los nacionalismos y los fascismos.

El camino se empinaba sin descanso, se retorcía a lo largo de decenas de curvas que parecían llevar al fin del mundo. La lluvia caía más despacio a medida que avanzaban y, a la altura del puerto, se había convertido en aguanieve: los primeros copos empezaron a caer con un murmullo lento de tristeza. Suspendidos del aire helado, se prendían con suavidad sobre las ropas mojadas, pero también con una constancia desesperante que calaba hasta los huesos. A pesar de ello, la nieve escasa se negaba a dejar huellas sobre el pasado que iban dejando atrás sin saber qué les depararía el futuro, tan incierto que ya no existía más allá del día siguiente, de la próxima curva.

Un frío espantoso bramaba entre los barrancos y dificultaba el avance de los que huían en mitad de la tormenta. María observaba la cara de su hija, envuelta en mantas, protegida por la pleita de esparto. Miraba el rostro de la inocencia dormida, ajena por un instante a la desgracia de la guerra; sus manos que abrazaban con toda la fuerza de su instinto protector una pequeña muñeca de cartón, mojada, casi rota. Rendida en el balanceo del mulo, trataba de proteger a su único juguete.

Una familia de campesinos se apiadó de ellas cuando la lluvia comenzó a arreciar al principio de la cuesta y la pequeña lloraba en el suelo ante los brazos agotados de su madre. El hombre la cogió con sus manos grandes y la metió dentro del único hueco que quedaba en el cujón, los otros tres estaban ocupados cada uno por un niño. El mulo iba con las cinchas bien apretadas, tan cargado con las criaturas que muchas veces se detenía, remoloneándose hasta que su dueño amenazaba su terquedad con la fusta.

Con el paso de las horas los grupos se fueron disgregando. Los que caminaban delante desaparecían en los recodos que dibujaba la carretera. Los más fuertes caminaban sin mirar atrás, y se perdían a lo lejos. Las  familias, en cambio, acomodaban el paso para permanecer juntas, para buscar la pequeña e ilusoria protección que ofrece en los momentos difíciles la compañía de los seres queridos. Así, se fueron quedando rezagados y, cuando quiso darse cuenta, María caminaba acompañada tan solo por el matrimonio de labriegos y el mulo con los críos.

10 diciembre, 2018

Doscientas mil visitas

Los mejores caminos son los que nos sorprenden a cada paso y nos llevan por territorios inesperados, los que nos cruzan con compañías que enriquecen el trayecto, los que no tienen un destino establecido, ni una duración precisa. 

Hace más de 10 años inicié este blog. Tardé nueve meses en tener mis primeras 1.000 visitas y dos años en llegar a las 10.000, el mismo tiempo que necesitó el contador en alcanzar las 50.000. Seis meses más tarde la cifra se había doblado. En ese tiempo he vivido un divorcio, tres cambios de trabajo y –curiosamente- ninguna mudanza. La novela que acabó dando motivo al camino se reduce solo a un par de centenares de páginas emborronadas, algunas llenas de dudas, pero otras con la luz necesaria para que la convicción y el deseo de terminarla sigan intactos. 

Cuando hago la suma, la cifra de entradas alcanza casi las trescientas y, aunque en los tres últimos años solo he publicado una veintena, ahí sigue… como todos… viviendo. 

Hace unas semanas se superaron las 200.000 visitas y quizás sea un buen momento para repasar el viaje y destacar, a modo de resumen, diez entradas. 

El día que murió Franco fui un niño muy feliz https://bit.ly/2CSa0YN

Éste fue el primer paso del camino, el primer texto que escribí para el blog. Su título era una declaración de intenciones. Describía la muerte de Franco desde la mirada de un niño que no entiende las lágrimas de su abuela. Hoy, que el Congreso ha aprobado la exhumación del dictador, me he vuelto acordar una vez más de ella. Hace décadas que murió, pero María Álvarez López quizás también hubiera llorado (su dolor debía ser inmenso). 

La verdadera protagonista de mi novela https://bit.ly/2CPi4JX

Esta microbiografía de mi abuela materna intenta resumir una historia llena de pequeños detalles. Fue publicada por la organización Todos los nombres https://bit.ly/2D0ixJ8 que rescata del olvido las vidas de miles de personas. Y lo hace inspirada en las últimas palabras que Julia Conesa, una de las Trece Rosas, le escribió a su hija: “que mi nombre no se borre en la historia”. 

Mi lista de novelas sobre la guerra civil https://bit.ly/2CUBY6p

Es la entrada más visitada de mi blog. Hubo un momento en el que Google la situó la primera de su lista cuando consultabas sobre este tema. Sin buscarlo fui trending. Luego mis amigos del blog Cita en la Glorieta me pidieron desarrollar la idea y publicaron una serie de reseñas más detalladas de algunas novelas ambientadas en ese momento histórico. https://bit.ly/2CTC12g

Los verdaderos héroes de Dunkerque https://bit.ly/2N7HhE2

Aún desconozco el motivo: coincidió con el estreno de la película Dunkerque y fue compartida en redes sociales de temas históricos, pero esta entrada alcanzó las diez mil visitas en apenas una semana, unos registros que multiplicaban por 50 la media de las cifras del blog. Cuenta una de esas maravillosas historias olvidadas que a mi tanto me apasionan. Ésta y otras historias sobre el exilio republicano fueron también recogidas en el blog de mis amigos Cita en la Glorieta. https://bit.ly/2NbAc5t

La causa 595 https://bit.ly/2CRDc2f

Cuando inicié la investigación histórica para la novela no podía imaginar que aún existiesen documentos como el Consejo de Guerra que siguieron contra mi abuela y otras personas que habían ayudado a la resistencia antifranquista. Dentro del maquis, el grupo de los Hermanos Quero (donde participó mi abuelo) “eran la Champion League, los más grandes”, me dijo un día Almudena Grandes cuando en una firma de libros le hablé brevemente del tema. Tras la muerte de Franco, en su archivo personal solo encontraron 9 documentos relacionados con los 40 años de oposición y 4 de ellos estaban relacionados con los Quero. 

Las viejas fotos de Cuba https://bit.ly/2NEQmnh

Cuando encuentras un hilo del que tirar luego no puedes parar aunque el ovillo sea mucho más grande de lo esperado. Es lo que me sucedió: encontré documentos sorprendentes que aportaban detalles minuciosos sobre mi abuela María, pero la historia llegó mucho más lejos. En el expediente militar del tatarabuelo Antonio López encontré sus vicisitudes como soldado raso en la Tercera Guerra Carlista y, décadas más tarde y ya como teniente, en una guerra caribeña y lejana. Aprovechando viajes de trabajo al País Vasco y Navarra pude visitar los escenarios de sus batallas carlistas -aún queda pendiente visitar Cuba-, pero el tatarabuelo solo permanecía en la imaginación: no había encontrado ninguna foto suya, hasta que una prima descubrió algunas. 

Más vale tarde… https://bit.ly/2NIC8lw

A lo largo de los años han sido bastantes las personas (muchas de ellas desconocidas para mi) que han contactado conmigo a través del blog. Algunos me contaban historias de sus antepasados que habían vivido las mismas circunstancias que los míos, otros simplemente me decían que me leían a miles de kilómetros de distancia. Una mañana leí un mensaje de mi tío Pepe, al que no conocía y que pudo encontrar a sus hermanas y sobrinos gracias a una única pista y a la magia de internet que le llevó a mi blog. Parece una historia de novela, pero como en casi todas las que me han ido apareciendo, la realidad ha superado a la ficción. 

Salvoconducto para la esperanza https://bit.ly/2NLat38

Hay fotografías que son un tesoro y que esconden mensajes maravillosos que descubres por casualidad muchas décadas después… 

“Los personajes que no caben en mi novela” da nombre a una sección del blog donde cuento las historias de personajes que fui admirando a medida que investigaba. De todas ellas hay 3 que me gustaría destacar: 

Arthur Koestler, el último mohicano de la prensa en la caída de Málaga https://bit.ly/2Ga2dHF

El héroe desconocido https://bit.ly/2x7FFQT

El último vuelo de los natachas https://bit.ly/2MvW9a6

30 abril, 2018

Los héroes de La Nueve


El 8 de septiembre de 1944, solo dos semanas después de liberar París, la 2ª División del General Leclerc se puso de nuevo en marcha hacia el este. Antes de entrar en territorio alemán, el avance aliado debería enfrentarse a un gran obstáculo: la Línea Sigfrido, 630 kilómetros de defensas con miles de bunkers y túneles situados en la frontera.

Cuatro días más tarde La Nueve encontró los primeros focos de resistencia alemana en Andelot, donde tomaron más de trescientos prisioneros. La siguiente dificultad iba a ser el Mosela. La Compañía tuvo que dividirse en varios destacamentos para cruzar el río y establecer una cabeza de puente en la otra orilla, en el pueblo de Châtel, pero los alemanes estaban dispuestos a mantenerlo bajo su dominio a toda costa y lanzaron un fuerte contrataque. A pesar del éxito de su acción defensiva, La Nueve tuvo que aceptar, aunque con indignación, la orden de replegarse. El 18 de septiembre los españoles cruzaron, con el agua fría hasta la altura del pecho, de nuevo el Mosela encargándose del flanco sur del ataque final.

En los días posteriores disfrutaron de una cierta calma que aprovecharon para reorganizarse. Cuarenta reclutas reemplazaron a los soldados muertos o heridos. Los alemanes mientras tanto reforzaban sus defensas en la zona de Los Vosgos. El objetivo principal de los aliados en el frente sur era Estrasburgo, pero antes de tomar la capital alsaciana era necesario salvar la línea defensiva situada en Baccarat. Leclerc ordenó entonces un ataque audaz por la ruta más difícil, la menos esperada: a través del bosque de Mondón. El último día de octubre, la vanguardia de La Nueve entró en el pueblo y durante los dos días siguientes fue tomando diferentes localidades a lo largo de un frente de una veintena de kilómetros. La Campaña en Lorena había terminado. A partir de ese momento tenían que avanzar por Alsacia hacia el último objetivo en suelo francés: Estrasburgo.

El 10 de noviembre la Nueve recibió la orden de regresar a primera línea de combate al mando del teniente Amado Granell, ya que el capitán Dronne había obtenido permiso para visitar a su familia por primera vez después de cuatro años. La misión de la 2ª División de Leclerc era apoyar el ataque estadounidense que debía abrir una brecha en el frente, pero había encontrado dificultades imprevistas en la bolsa de Bandonviller. A pesar de tener un tercio de la compañía de permiso en Nancy y la mitad de los vehículos estropeados, Granell consiguió localizar a parte de sus hombres y cumplir una orden que había llegado de forma imprevista. Las numerosas bajas diezmaron la compañía que pasó a la reserva.

Para entonces La Nueve era menos “española” ya que las bajas habían sido cubiertas por reemplazos franceses. El día 22 estaban a las puertas de Estrasburgo después de avanzar más de cien kilómetros en apenas seis días. Granell, con problemas de salud desde hacía semanas, fue reemplazado en el mando. A pesar de ello, la tricolor francesa ondeaba por fin en la Catedral de la capital alsaciana y la Nueve daba por cumplido el juramento que se había hecho en la ciudad libia de Koufra al principio de la guerra: la liberación de Francia.

HalfTrack de la División Leclerc en Estrasburgo

Raymond Dronne, ascendido a comandante, retomó el mando de una compañía muy diferente, formada en su mayoría por jóvenes reclutas. Tras la conquista de Estrasburgo comenzó una dura campaña para la liberación de Alsacia que se iba a encontrar con la fuerte defensa de los alemanes en la zona de Los Vosgos. Sobre un terreno nevado y con temperaturas de 20 grados bajo cero, la División de Leclerc recibió la orden de dirigirse al bosque de Grussenheim, donde se había visto frenado el avance estadounidense. El malestar entre los republicanos españoles había aumentado porque a las duras condiciones de combate se añadía su deseo incumplido de que los aliados atacaran la dictadura de Franco.

Un descanso de La Nueve después de liberar Estrasburgo
El 23 de abril la División se volvió a poner en marcha. Después de cruzar el Rhin y el Danubio recibió la orden de avanzar hasta Berchtesgaden. Se trataba de un objetivo de alto valor simbólico ya que allí se encontraba el Nido del Águila, la residencia de descanso de Hitler y los altos jerarcas nazis. Entonces se inició la carrera entre franceses y americanos por ser los primeros en llegar. Y aunque las películas estadounidenses le atribuyen el mérito a la Compañía Easy de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos, cuya historia se narra en la magnífica serie Hermanos de sangre, fueron los franceses los que llegaron un día antes. La Nueve tuvo que enfrentarse en el desfiladero de Inzell a dos compañías de las SS, los últimos y más fanáticos nazis habían minado la carretera y la vía férrea. Mientras tanto, otra compañía francesa lograba tomar el Nido del Águila por un camino con menos riesgo. En reconocimiento al esfuerzo realizado, los españoles que quedaban en la Nueve encabezaron la entrada de las tropas aliadas en el último santuario del nazismo.

De los 160 hombres que habían desembarcado en Francia apenas un año antes, solo quedaban 14, 35 estaban muertos y el resto habían resultado heridos.

Una vez más esos hombres volvieron a ser traicionados. Habían combatido al fascismo con la ilusión de que, una vez derrotado en toda Europa, los aliados les ayudarían a vencerlo en España. Pero tras el final de la guerra los estadounidenses mantuvieron a Franco en el poder y acabaron así con todas sus esperanzas. Más tarde llegó el olvido. La mayor parte de ellos sobrevivió en Francia durante décadas. Amado Granell recibió la Legión de Honor, la más importante distinción francesa, de manos del propio General Leclerc y rechazó el ascenso a comandante del ejército francés porque, para ello, debía renunciar a la nacionalidad española. Unos años después decidió regresar a Valencia, donde moriría en accidente de tráfico.

Solo queda un superviviente de La Nueve, el almeriense Rafael Gómez Nieto, un zapatero que entró en París sobre el blindado Guernica y que, cuando llegó la paz, se quedó a vivir en las cercanías de Estrasburgo sin contarle demasiados detalles  de sus peripecias a sus propios hijos.

Rafel Gómez Nieto, único superviviente de La Nueva con las alcaldesas Carmena e Hidalgo
Como comentaba al final del artículo anterior, en el año 2004 Francia comenzó por fin a rendir homenaje a los republicanos españoles que lucharon por liberarla, pero en su país, en España, su historia permanecía sin reconocimiento. Hace solo un año, en abril de 2017 las alcaldesas de Madrid y de París, Manuela Carmena y Anne Hidalgo inauguraron en el barrio de Ciudad Lineal el Jardín de los Combatientes de La Nueve.

“Ese día las campanas de muchas ciudades del mundo sonaron por la libertad”, afirmó Hidalgo. “Muchas campanas, pero no las de Madrid. Aquí solo hubo silencio, porque con el franquismo no había libertad”, agregó Carmena. Setenta años después la gloria de los héroes de La Nueve fue recordada en el país que tanto quisieron y al que la muchos de ellos no pudieron regresar. Como dijo la escritora Almudena Grandes en el acto: “los de La Nueve no han llegado a París, sino a Madrid, donde querían llegar”.

“Los hombres de La Nueve habían abrazado nuestra causa espontánea y voluntariamente. Eran, verdaderamente, combatientes de la libertad. Las tumbas de sus muertos jalonan la ruta gloriosa y dolorosa que siguieron desde Normandía a Berchtesgaden, y los supervivientes tuvieron el orgullo y la satisfacción de terminar la guerra en el santuario del nazismo del Nido del Águila”. Raymond Dronne.

Documental titilado La Nueve. Los olvidados de la victoria
https://www.youtube.com/watch?v=sL6u2XdVpz0

22 abril, 2018

Los españoles que liberaron Paris


Unos minutos después de las nueve de la noche del jueves 24 de agosto de 1944 un escuadrón de 160 hombres, de los cuales 146 eran españoles, montados en 22 semiorugas y 3 tanques Sherman, entraban en París por la Porte d’Italie. La plaza estaba llena de personas que huyeron despavoridas ante el estruendo de los vehículos, pensando que solo podía tratarse de las tropas alemanas que, con doce mil soldados, aún controlaban la capital. Más tarde comenzaron a acercarse y vieron que los vehículos eran americanos, pero los nombres que llevaban pintados en el carenado: Ebro, Brunete, Guadalajara… y los banderines tricolores  rojo, amarillo y morado recordaban a batallas en España. Eran los combatientes republicanos que venían a liberar la capital francesa.

Tras unos momentos de entusiasmo, el escuadrón que había llegado hasta allí sin mapas y con la única ayuda de una guía Michelin siguió avanzando tras un motorista armenio que se ofreció voluntario para llevarles hasta su objetivo: el Ayuntamiento. Los blindados fueron dejando atrás calles desiertas, cruzaron el Sena por el puente de Austerlitz y continuaron sin detenerse por los muelles de la orilla derecha. A las 21:22  el destacamento se desplegó en defensa de erizo frente al Hôtel de Ville con órdenes de repeler cualquier contraataque. Dos minutos más tarde las campanas de Notre Dame comenzaban a tañer seguidas por las de toda la ciudad, anunciando su liberación. Una avalancha de gente invadió las calles abrazando a los soldados y el himno de La Marsellesa comenzó a sonar por todo París.
Domingo Barrios, soldado de La nueve en el blindado Guadalajara, frente al Ayuntamiento de París
Amado Granell, un castellonense de Burriana que se había afiliado a la UGT, había sido concejal por Izquierda Republicana y  se alistó como voluntario en la Guerra Civil donde combatió en “el Batallón de Hierro”, era el teniente que estaba al mando. "Las campanas de París nos conmovieron. El combate no nos había endurecido completamente. Todos teníamos lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Yo traté de cantar con los otros pero no pude. Esa enorme emoción, aquel gran entusiasmo, significaba simplemente la libertad, la victoria".

A la mañana siguiente llegaron hasta el Hôtel Meurice en la vía Rívoli, donde estaba situado el cuartel general del gobernador alemán Dietrich Von Choltitz. El general nazi había recibido órdenes claras de Hitler: “Es preciso que París no caiga en manos del enemigo, si no es convertido en un montón de ruinas”. Tres soldados españoles le exigieron la rendición. Ante las protestas del general por tener que rendirse a un soldado sin graduación, el extremeño Antonio Gutiérrez le contestó: “Soy español”. Pero… ¿quiénes formaban ese minúsculo grupo de españoles que se había anticipado en dos días al resto del Ejército de la Francia Libre y había ignorado las intenciones de los Aliados de pasar de largo sin tomar París? La Novena Compañía de la Segunda División Blindada del general Leclerc, más conocida por su nombre en español: La Nueve, era un batallón de choque que siempre combatía en primera línea.

Soldados de La Nueve acompañan a Von Choltiz detenido
Tras el avance alemán sobre Francia y el desastre de Dunkerque al principio de la guerra, la mayor parte de los republicanos españoles que no habían sido apresados por los nazis fueron acuartelados en los centros de instrucción de la Legión Extranjera en el norte de África.  Descontentos con la Francia de Vichy, colaboracionista con el enemigo, muchos de ellos atravesaron el desierto del Sáhara y las selvas ecuatoriales hasta llegar a Libreville para unirse a las fuerzas  del Corps Franc d’Afrique de la Francia Libre comandadas por el General De Gaulle.

Combatieron a los franceses colaboracionistas de Petain en Siria, a los italianos de Mussolini en Sudán y a las tropas del Afrika Korps del General Rommel en los desiertos de Libia y Egipto, participando en las batallas  de Bir Hacheim o El-Alamein y tomaron el puerto de Bizerta en Túnez.

En mayo de 1943, al finalizar la campaña en el norte de África, las diferentes unidades de  las fuerzas combatientes francesas se unieron en la 2ª División Légère Française Libre que no estaba dispuesta a ser una comparsa como querían los Aliados, sino a participar de forma activa en la liberación de su país. Casi dos mil voluntarios españoles acudieron a la llamada de De Gaulle a combatir al fascismo, buena parte de ellos estaban enrolados  en la 9ª Compañía de Marcha del Chad.

Pese a su mala fama de soldados rebeldes y las suspicacias que levantaban sus fuertes ideales de izquierdas, los republicanos españoles se ganaron pronto la confianza de sus mandos. Con experiencia en combate durante la Guerra Civil, mantuvieron algunos de sus principios: elegían a sus propios jefes de sección y arreglaban de forma interna sus problemas disciplinarios. Cuando Leclerc le encargó a Raymond Dronne el mando de la Nueve le advirtió que se trataba de una compañía especial: “esos hombres dan miedo a todo el mundo, pero son buenos soldados”. La hija de Dronne afirmó: “Los soldados españoles eran los preferidos de mi padre. No eran soldados fáciles de dirigir, querían  tener al frente a un oficial que se los mereciera. Capitanearles era un honor”. El idioma oficial era el castellano, en sus uniformes lucían la bandera tricolor republicana y, siguiendo la costumbre francesa de bautizar todos los vehículos, pintaron en los suyos los nombres de las batallas en las que habían combatido en España.

Raymond Dronne, capitán al mando de La Nueve con su segundo: el teniente Amado Granell

La compañía se formó en Didjelli (Argelia) desde donde se trasladaron a Marruecos. En Casablanca fueron equipados con material americano para combatir como infantería mecanizada con unos medios muy diferentes  a los que estaban acostumbrados en la infantería tradicional.  Tras un periodo de formación para adaptarse a sus nuevos vehículos, partieron hacia la zona de Pocklington en el norte de Inglaterra. En agosto de 1944 cruzaron el Canal de La Mancha. Tras varios días de espera, el día 4 desembarcaron en las playas de Normandía cantando “La cucaracha” por la lentitud de la operación.

La Nueve fotografiada en Pocklington


Su primera misión en terreno francés fue apoyar a los estadounidenses en su intento de frenar los contraataques enemigos. Su bautismo de fuego se produjo el 14 de agosto en Ecouché, el pueblo fue tomado tras varios días de combates en los que sufrieron las primeras bajas. Pese a su inferioridad numérica un golpe de mano les permitió capturar a 130 soldados enemigos y a un coronel.

Los mandos aliados habían dado instrucciones de rodear la capital francesa. No querían hacer frente a la logística que representaba abastecer a una ciudad de cinco millones de habitantes, ni tampoco fortalecer el papel de los franceses en la guerra, al menos hasta que De Gaulle no se impusiera al liderazgo comunista de la Resistencia. Sin embargo en París no estaban dispuestos a esperar y el Partido Comunista francés convocó una huelga general. Tras la toma del Ayuntamiento solicitaron la ayuda de las tropas del general Leclerc, que dio la orden a sus secciones de carros de combate  de avanzar sin consultar al mando aliado. Faltaban doscientos kilómetros por la carretera nacional 20 hasta su objetivo que iban a cubrir sin apoyo aéreo. La Nueve iba en cabeza.

Después de vencer los primeros focos de resistencia en Longjumeau  continuaron hasta Antony y Fresnes donde tuvieron que superar las defensas alemanas. A poco más de veinte kilómetros de su objetivo, cuando la ruta parecía abierta, el capitán Dronne recibió de forma inesperada la orden de detener su avance y replegarse hacia al sur de la Croix-de-Berny. Aunque desobedeció la primera vez, tras dos nuevas confirmaciones, se vio obligado a acatar una orden que no compartía. El general Leclerc se dirigió entonces hacia donde se habían detenido para decirle a Dronne que las órdenes absurdas no deben obedecerse y avanzara hacia París con la mayor rapidez posible.

El resto es ya historia, una historia silenciada. Cuando dos días después de la liberación se produjo en París el desfile de la victoria, los vehículos con nombres españoles tuvieron un lugar destacado en la celebración en los Campos Elíseos, donde los soldados republicanos desfilaron con todos los honores, a pesar de que el general estadounidense Gerow había vetado su presencia por desobedecer las órdenes del alto mando aliado. 


Más tarde Francia se olvidó de ellos. A De Gaulle y al chovinismo francés no les interesaba reconocer el mérito y la heroicidad de los españoles. Cuando el diario Libération publicó en portada la foto del encuentro del teniente de la Nueve con el jefe de la Resistencia, se olvidó de que se llamaba Amado Granell y era español.



Durante décadas la gesta de La Nueve durmió en el cajón del olvido hasta que una periodista española, Evelyn Mesquida, rastreó la maravillosa historia de los españoles que liberaron París y, con la ayuda de la entonces concejal de París Anne Hidalgo, una gaditana hija de republicanos, consiguió que se reconociera a nuestros héroes en el año 2004. Sesenta años después se inauguró una placa que reza: “A los republicanos españoles, principal componente de la columna Dronne”. El alcalde de París Bertrand Delanoë recordó en su breve discurso de homenaje: “Si hoy Europa construye su democracia en libertad se lo debemos a quienes en su momento supieron resistir”.

Pero la gloria de la Nueve no acaba con la liberación de París y su gesta merece otro artículo de este blog.

22 marzo, 2018

Seis lugares imprescindibles en Praga


CAFÉ SLAVIA

Me fascina la elegancia de los cafés de Praga, su carta de pasteles irresistibles, servidos por impecables camareros de pantalones negros, camisas blancas y mandiles, la rica decoración modernista del Café de la Casa Municipal, las formas geométricas del Gran Café Orient -el único de estilo cubista del mundo-, la historia del Café Louvre, frecuentado por Kafka, Rilke o Einstein… pero, de entre todos ellos, ninguno tiene el encanto del más antiguo: el Slavia.

Situado en el cruce de la calle Národní con el muelle Smetana, sus enormes ventanales ofrecen una panorámica inigualable del río Moldava discurriendo bajo el Puente de las Legiones, del barrio de Malá Strana y del Castillo. Ninguno puede presumir de su ambiente cultural. La cercanía del Teatro Nacional hizo que entre sus clientes se encontrasen los grandes compositores nacionales Dvorák y Smetana. En él buscó inspiración el único escritor checo galardonado con el Nobel de Literatura: el poeta Jaroslav Seifert, al que le gustaba tomar café con absenta. El cuadro Bebedor de Absenta pintado por Viktor Oliva destaca entre la decoración Art Noveau, las clásicas sillas Thonet, las mesas de madera oscura y las paredes de mármol verde. Y durante la época comunista fue el punto de encuentro de la disidencia, encabezada por el dramaturgo y futuro presidente Vaclav Havel.



CAFÉ SLAVIA. Smetanovo nábřeží 1012. https://www.cafeslavia.cz/en/

CAFÉ LOUVRE. Národni 22, Nove Mesto.

GRAND CAFÉ ORIENT: Ovocny 19, Staré Mesto.

CAFÉ DE LA CASA MUNICIPALI (OBECNI DUM) Namesti Republiky

PIVOVARSKÝ DUM

Cuando pruebas las deliciosas cervezas checas entiendes por qué este país es el mayor consumidor de esta bebida del mundo. En Praga hay centenares de cervecerías, algunas con siglos de tradición que son visitadas por los turistas, pero la Pivovarský Dum, frecuentada todavía por un público local, acaba de cumplir veinte años de historia. A pesar de ello, esta pequeña fábrica de cerveza sirve en su restaurante auténticas delicias de elaboración propia, sin filtrar y sin pasteurizar, cervezas de alta fermentación hechas de maltas de cebada y trigo con aromas. Probamos las de banana y la de ortigas y fueron las que más nos gustaron en nuestra visita a la ciudad.

El ambiente parece sacado de la Primera República con sus paredes de madera oscura, del mismo color que las mesas y las sillas, las lámparas de diseño Art Noveau y los alambiques dorados. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana a la izquierda de la entrada y con nuestras cervezas disfrutamos de sendos platos de cerdo o ternera asados con salsa de crema, acompañados de sauerkraut,  (la col fermentada que llamamos chucrut) y los Bohemian Dumplings, las láminas cortadas de bolas de masa de pan o de patata que siempre sirven de acompañamiento en la ciudad.



Ječná 15, 120 44 Nové Město. http://www.pivovarskydum.com
  
NASE MASO

No muy lejos del Barrio Judío podemos encontrar esta pequeña carnicería donde se puede saborear sus productos en la media docena de mesas con taburetes donde se agolpa el personal. Naše maso significa nuestra carne en checo y se preparan auténticas delicias a base de carnes de granjas seleccionados del país. Su hamburguesa es probablemente una de las mejores que he comido nunca y el bocadillo de pastrami o las salchichas están riquísimos. Desde las cristaleras que dan a la calle se ve un local casi siempre repleto donde sus carnes y embutidos parecen aparecen ordenados en perfecto orden de revista.



Naše maso. Dlouhá 39. https://nasemaso.ambi.cz

MONASTERIO STRAHOV

Situado en una colina sobre la ciudad, incluso a mayor altura que el famoso Castillo, merece la pena subir por la larga cuesta que lleva al Monasterio Strahov por 3 motivos: el primero de ellos es porque al final de la ascensión el mirador ofrece una hermosa panorámica de Praga; el segundo es que este monasterio de la orden mostense, fundado a comienzos del siglo XII, que sobrevivió a las luchas husitas, a la invasión de los suecos durante la Guerra de los 30 años, a las dos Guerras Mundiales y a la época comunista, alberga una de las bibliotecas más bellas del mundo, con más de 200.000 obras, incluyendo más de 3000 manuscritos y 1500 incunables; el tercer motivo se descubre en las mesas de su propia fábrica de cervezas, la de San Norberto. Nosotros probamos una IPA deliciosa y una tostada con sabores ahumados simplemente espectacular.



Strahovské nádvoří 1/132. https://www.strahovskyklaster.cz/

La Iglesia de San Cirilo y San Metodio

La Iglesia de San Cirilo y San Metodio es una de las pocas del rito ortodoxo de la ciudad de Praga. El templo barroco de la  calle Resslova tiene un interior modesto de sobria decoración, pero el interés se encuentra en la cripta, donde sucedió uno de los hechos más relevantes de la 2ª Guerra Mundial. Allí se refugiaron los paracaidistas checoslovacos Josef Gabčík y Jan Kubiš que, en el marco de la Operación Antropoide, habían conseguido atentar contra Reinhard Heydrich, uno de los más siniestros líderes del nazismo.

Heydrich, conocido como el carnicero de Praga, había sido jefe de la Gestapo y era el hombre que gobernada con crueldad el Protectorado de Bohemia y Moravia, anexionado al Tercer Reich. El 27 de mayo de 1942 Gabčík y Kubiš, que llevaban meses preparando su atentado, consiguieron lanzar una granada contra el Mercedes descapotable en el que hacia su ruta diaria el odiado nazi. Aunque pensaron que habían fracasado, su objetivo murió días más tarde por la septicemia provocada por la infección de las heridas. Le venganza de Hitler fue cruel. Ordenó destruir hasta los cimientos dos pueblos cercanos a Praga donde creían, de forma equivocada, que habían preparado el atentado. Ante la cruel represión desatada, uno de los compañeros de los paracaidistas los traicionó, rebelando su escondite: la iglesia de San Cirilio y San Metodio.

En la madrugada del 18 de junio de 1942 ochocientos efectivos de las SS sitiaron allí a Josef Gabčík y Jan Kubiš, junto con otros cinco compañeros de la resistencia. Tras siete horas de disparos y granadas, los alemanes trataron de inundar la cripta pasando mangueras que arrojaban tres mil litros de agua por minuto a través de un pequeño hueco de la calle Resslova, donde hoy las velas y flores de convierten en un homenaje. Los sitiados lograron cortar las mangueras y finalmente los miembros de la SS se vieron obligados a entrar en la cripta.


Kubis falleció por la hemorragia que le había producido la esquirla de una granada. Sus seis compañeros resistieron hasta que, al quedarse sin munición, decidieron suicidarse. Es imposible pasear en la actualidad por la cripta sin emocionarse. Los bustos de los héroes, las ofrendas anónimas, el pequeño memorial que mantiene viva una historia que hemos conocido a través de diversas novelas y películas, hacen que la visita a esta pequeña iglesia sea una visita obligada.

EL PUENTE DE CARLOS

El Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga y comunica la Ciudad Vieja (Staré Město) con la Ciudad Pequeña (Malá Strana). Es el puente más antiguo de los que cruzan el río Moldava y tuvo en su día 4 carriles destinados al paso de carruajes. Está decorado por 30 estatuas situadas a ambos lados del mismo, la mayor parte de las cuales son de estilo barroco.



La primera que se añadió fue la de San Juan Nepomuceno. Un arzobispo que fue tirado al río por el rey y que siglos después fue santificado. En el lugar donde se cometió el crimen hay una cruz con cinco estrellas. La leyenda dice que colocar los dedos de una mano sobre cada una de ellas concede los deseos. El roce de los turistas mantiene al menos las estrellas siempre brillantes.