La Guerra Civil española aún está llena de claroscuros. Los intereses partidistas trataron ocultar, o al menos de silenciar, episodios no demasiado conocidos y muy poco dignos. Ningún bando, ningún partido estuvo libre de esos comportamientos. Con el paso de las décadas algunas actuaciones salieron a la luz, otras siguen enterradas en algún cajón del olvido.
El golpe de estado de Julio de 1.936 y el estallido de la contienda situó al nacionalismo vasco frente a un gran dilema. El PNV era un partido conservador y muy católico que se encontraba alejado de los partidos de izquierdas, pero era consciente que el ultranacionalismo centralista del bando sublevado chocaba frontalmente con sus aspiraciones. Aunque optaron por mantenerse fieles a la republica fueron los últimos en crear milicias para enfrentarse al enemigo e incluso una parte del PNV de Vizcaya trató de imponer su visión de que la guerra era un asunto español en el que no debían involucrarse. Ya desde el inicio del conflicto trataron de negociar con los fascistas a través de la mediación del Vaticano. El 8 de mayo de 1.937 el futuro Papa Pío XII envío un telegrama al Lehendakari Aguirre sobre los términos de una rendición. A cambio de la entrega de Bilbao, había recibido la garantía de Franco de respetar la vida y los bienes de los que se rindieran de buena fe y la salida de los dirigentes del PNV. El telegrama nunca llegó a su destino, sino a manos del Gobierno republicano. Su entonces presidente, Largo Caballero convocó a parte de los miembros del gobierno para explicarles la situación, excluyendo a nacionalistas vascos y catalanes, anarquistas y comunistas, a quienes no quería hacer partícipes de sus preocupaciones.
Las negociaciones entre los nacionalistas y los italianos siempre se llevaron en secreto, pero existieron. En junio, cuando la caída de Bilbao ya estaba próxima, se intensificaron. Mientras el Gobierno de la República desde su sede en Valencia llamaba a la resistencia, el gobierno vasco ordenó la evacuación de la ciudad sin combatir. En la margen izquierda de la ría estaba situada la industria pesada. Era de vital importancia para el curso de la guerra evitar que cayera en manos del enemigo. Por ello, desde Valencia exigían su destrucción. La petición también fue desobedecida por los batallones de gudaris. Incluso se enfrentaron a los comunistas que trataron sin éxito de cumplir las órdenes. Al parecer entre las unidades que se lo impidieron ya se encontraban infiltrados algunos soldados franquistas.

La actuación del Lehendakari nunca fue clara, porque aunque de forma pública rechazó cualquier propuesta de capitulación, estaba al corriente de las negociaciones. Éste es un hecho discutido y poco conocido, pero las investigaciones reciente de los investigadores, centradas en la documentación de la diplomacia italiana de la época, lo demuestran. Negociadores vascos se trasladaron a Roma poco después de la caída de Bilbao con la misión de tratar con el régimen de Mussolini. Sus credenciales estaban firmadas por el Euzkadi Buru Batzar, el máximo organismo de gestión del PNV, pero también por Aguirre. El objetivo era entrevistarse con el Duce con el objetivo de explicarle siete puntos entre los que estaba informarle que los vascos no eran españoles y cuáles eran sus motivos por los que vieron abocados a entrar en la contienda. El dictador italiano no los recibió. Delegó en Ciano su ministro de asuntos exteriores, que les hizo muchas promesas. Los negociadores venidos de Euskadi dejaron claro que había que evitar que pareciera una rendición. Tenía que verse como una victoria italiana. Mientras tanto, Aguirre trataba de convencer al Gobierno de Valencia de que evacuara las tropas vascas de Santander hacia Cataluña. Era una operación imposible de ejecutar.
Tras la caída de Bilbao lo que quedó del denominado Ejército de Euskadi pasó a llamarse XIV Cuerpo de Ejército, formado por todas las organizaciones del Frente Popular, en la que los nacionalistas sólo representaban un tercio de todas las fuerzas. No obstante, seguían bajo el mando del Lehendakari. Las órdenes que el PNV dio a los suyos era mantenerse a la defensiva en el frente que miraba a Vizcaya, sin ayudar al resto de compañeros republicanos que estaban combatiendo. El 14 de agosto Franco lanzó la ofensiva final contra Cantabria y las unidades republicanas se concentraron en Santoña con la esperanza imposible de ser evacuados a Francia. Los nacionalistas estaban mientras negociando con los fascistas italianos el llamado Pacto de Santoña. En él se establecía la entrega de los batallones vascos con la condición que las tropas italianas los acogieran bajo su soberanía en calidad de prisioneros de guerra y no fueran entregados a Franco

Cuando los solados vieron que la evacuación era imposible y algunos de sus compañeros de Euskadi se negaban a luchar estalló la rabia. En esa situación algunos batallones republicanos se negaron a rendirse y huyeron hacia Asturias con la misión de continuar la lucha. Las unidades que obedecían al PNV, en cambio, depusieron las armas, pese a que el general que estaba al frente del Ejército del Norte amenazó con bombardear sus posiciones. Diez días más tarde, dos oficiales de los batallones vascos, atravesaron las trincheras con la misión de ofrecer la rendición incondicional de treinta mil soldados a los Flechas Negras de Mussolini. Recibieron la promesa de que dos mil hombres, sólo los oficiales y los mandos políticos del PNV, iban a ser evacuados a Francia, pero los barcos que debían hacerlo nunca llegaron. Estuvieron nueve días bajo custodia de los italianos, mientras estos negociaban con Franco en Salamanca la capitulación. Fue inútil. Franco no aceptó los acuerdos del Pacto de Santoña, sus soldados se hicieron cargo de los prisioneros e inmediatamente iniciaron la represión. La mayoría de los asesinatos se cometieron contra los comunistas y los anarquistas, pero alcanzaron también al resto de los partidos políticos, incluidos los del PNV. No obstante, los dos negociadores que capitalizaron la traición a la República fueron liberados cuatro años más tarde.
Aguirre trato con su palabras de encontrar excusas “los elementos nacionalistas, desde la caída de Bilbao, sufrieron en todo su ser la sensación de que ya para ellos todo estaba perdido. Los demás partidos tenían una continuidad política en los demás territorios. Ellos, no. Se atravesaban las fronteras de nuestro pueblo donde la gente hablaba otro idioma” para su partido era imposible entender que, por encima de las ideas nacionalistas, había una lucha mucho más importante, la lucha por la libertad, por la vida. Me temo que es una lección que aún no han aprendido y una historia que no quieren recordar.
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