23 octubre, 2012

El final de la Escuadrilla España


11 de febrero de 1.937. Ya no quedan refugiados republicanos en Motril. A las siete de la mañana del día anterior se dictó la orden de evacuación que rápidamente corrió de boca en boca por todo el pueblo. Las primeras tropas italianas entraron en sus calles por la tarde y los rezagados tratan de alejarse cuanto pueden. Apenas a veinte kilómetros, a la altura de Castell del Ferro ven por fin los primeros aviones republicanos, que bombardean al enemigo para frenar su avanceo y, después de girar, enfilan la costa hacia el este. Los monoplanos vuelan a baja altura. En la punta destaca la tronera acristalada donde va instalada una de sus tres ametralladoras.

Son los dos últimos Potez540 de la Escuadrilla España, formada por el escritor francés André Malraux al poco de iniciarse la guerra. El resto ya han caído en combate. Tienen mala fama y les llaman los ataúdes volantes. Carecen de visores de bombardeo y eso les obliga a volar bajo para identificar el terreno, lo cual les hace más vulnerables ante el fuego antiaéreo y que sus motores, al no alcanzar la altura de navegación adecuada, pierdan velocidad.
Bombardero monoplano Potez540


La falta de entrenamiento de los ocupantes no les permite pilotar y usar la ametralladora al mismo tiempo. Eso ha obligado a que las dotaciones sean de siete personas, en lugar de los cuatro habituales y el sobrepeso también castiga los motores. Los aparatos van abarrotados, de forma que cualquier proyectil que alcance el fuselaje tiene muchas probabilidades de herir a alguno de sus tripulantes. La mayoría han sido licenciados por indisciplina. Eran mercenarios que acudieron a la guerra sólo por dinero, muchos de ellos pilotos comerciales sin experiencia militar, Otros en cambio ya habían participado en varias conflictos armados. En la escuadrilla ya sólo quedan los idealistas, los que han venido a España a combatir contra el fascismo.

A los Potez se les identifica por una enorme letra que llevan en la cola. Los dos que quedan tienen la matricula P y B. El del primero es un francés llamado Guy Santés. El copiloto es un holandés, nacido en Malasia, Jan Frederikus Stolk, al que llaman Reyes. El bombardero es un comunista belga: Paul Nothomb al que conocen por Paul Barnier. El artillero es otro francés René Deverts. De esa nacionalidad son también los mecánicos Maurice Thomás, el artillero Marcel Bergeron y ametrallador de cola Golloni.

Cuando tratan de ganar altura para dirigirse a su base de Tabernas aparecen del mar, de forma inesperada, una escuadra de biplanos. Vienen del sur y en la cola tienen un aspa negra sobre el fondo blanco. Son los Fiats CR32, conocidos como chirris, y forman parte de la 4ª Squadriglia Legionaria italiana al mando del teniente Mantelli. Nunca quedará claro su número, pero están en superioridad. Los cazas italianos son muy maniobrables y resistentes en el combate frente a la complejidad mecánica de los monoplanos como los Potez.

Caza biplano Fiat CR32


Nada más aparecer en el cielo los Fiats comienzan a disparar. La ráfaga impacta en la parte delantera del bombardero y detiene el motor derecho. El izquierdo comienza a arder. Dos de los diez proyectiles alcanzan a sus ocupantes. El piloto es herido en el antebrazo derecho y el copiloto, que trata de apagar el incendio, cae malherido rodeado por la manguera. Una bala hiere en la pantorrilla a Galloni, el ametrallador de cola y el mecánico Maurice Thomas va hacia su puesto.

El Potez visto desde el Fiat junto a la costa de Motril. La fotografía aparece en  la página 36 de 

Fiat CR.32 Aces of the Spanish Civil War, publicado en 2010 por la Ed. Osprey ISBN 978 1 84603 983 6


El Potez responde de inmediato al fuego. Dos balas alcanzan el tanque de gasolina del CR32 causando el recalentamiento, obligándole a dejar el combate y aterrizar por las cercanías. Mantelli también está herido en su brazo derecho. Mientras en el bombardero, Santés gobierna el timón sólo con la mano izquierda y se esfuerza por ganar altura, pero la gran superficie de bastidor le hace descender. El piloto se ve obligado a escoger entre el mar y las montañas para regresar a Tabernas. Opta por el mar. Con la velocidad reducida, el avión cae, rebota a trescientos metros de la orilla y vuelca al borde del agua.

El resto de la escuadrilla italiana se ceba con el otro monoplano que se defiende como puede. Se pierde en el horizonte y finalmente cae derribado cerca de Dalías. Todos sus ocupantes mueren. Del que ha aterrizado en la playa comienzan a salir sus ocupantes, los que están bien sacan a los que no pueden hacerlo. El copiloto holandés está malherido en el pecho. Paul Galloni no puede caminar, su pierna tiene muy mala pinta. Deverts tiene la cabeza ensangrentada.

A pocos metros, la carretera está llena de soldados, mujeres, niños y vehículos que huyen hacia Almería. Thomas salta a un caballo y se aleja a toda velocidad en dirección a Almería. Una hora más tarde vuelve acompañado de un médico canadiense, Norman Bethune, que viene en una ambulancia negra. Suben a Deverts al estribo del vehículo que tiene que abrirse paso a bocinazos entre miles de refugiados. Stolk moribundo perderá la vida en pocas horas y a Galloni le tendrán que amputar la pierna.

Algunos hombres extraen el combustible del avión y con él consiguen arrancar un camión abandonado.

Ha sido su última acción para la escuadrilla. Nothomb  un comunista que se afilió al partido en el mismo momento en el que ingresó en la Escuela Militar, regresará a Bélgica. La guerra ha acabado para él, pero sólo de forma momentánea, porque en 1.943 será brutalmente torturado por los nazis hasta obligarle a delatar a sus camaradas. Aguantó el tiempo suficiente para que éstos pudieran ponerse a salvo. No obstante, fue expulsado del partido hasta que, después de luchar por limpiar su memoria, fue rehabilitado. Años más tarde, escribiría varios libros. En uno de ellos, El silencio del aviador, recoge algunas de sus experiencias de combate en España. Su sobrina nieta Amelie Nothomb es hoy una famosa escritora. Su tío murió en el año 2.006. En su libro Malraux en España describió los sentimientos hacia sus compañeros: “un espíritu de compañerismo inaudito, un extraordinario buen humor en todo momento, hasta el punto de que, al recordar esas horas pasadas, no puedo dejar de pensar que vivimos uno de esos raros instantes en que la fraternidad humana, eso tan a menudo adulterado, se convierte en algo más que una palabra, que un eufemismo.'

Miembros de la escuadrilla. Malraux en el centro abrazado a su compañeros.
Paul Nothomb es el 1º por la izquierda.

La fotografía aparece en el libro Malraux en España” escrito por Paul Nothomb y con prólogo de Jorge Semprún.
 De la editorial EdhasaISBN: 84-350-6506-5.


Pese a su mala leyenda sobre su vulnerabilidad, los Potez540 jugaron un papel esencial en los primeros meses de la guerra frente a enemigos superiores. Fueron los únicos aviones republicanos hasta la llegada de los refuerzos materiales soviéticos.


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