23 agosto, 2011

Los escenarios de mi novela: 1. El Barranco del Abogado.

He aprovechado unos días de vacaciones en Granada para visitar algunos de los escenarios por los que discurre la historia de mi novela. La serie se inicia en el Barranco del Abogado, el lugar donde comienza el primer capítulo con unos hechos de enorme dramatismo...


En septiembre de 2.009, cuando decidí escribir mi novela, lo primero que hice fue viajar a Granada con la intención de volver a oír, de boca de mis tías y primos, las historias apasionantes que tanto me gustaban y que yo pretendía contar. En ese momento, creía que sus testimonios orales iban a ser la única fuente que podía alimentar mi imaginación de aprendiz de escritor. Meses más tarde, fui descubriendo diferentes documentos que me aportaron mucha información que desconocía, datos valiosos para el recuerdo familiar y para la trama de la novela. La semana pasada regresé y pude visitar algunos de los lugares donde sucedió la historia.

A principios de los años cuarenta, hartos de soportar la derrota y la cárcel, unos pocos hombres se echaron al monte en la ciudad de Granada, decididos a combatir al régimen. Algunos lo hicieron huyendo de una posible sentencia de muerte, otros cansados de que se les negara cualquier futuro a sus familias, la mayoría como único medio de supervivencia. En los primeros momentos de dictadura aún continuaba la represión implacable que, desde el inicio de la guerra, había desarrollado el franquismo contra el menor indicio de resistencia. Conforme las acciones de los guerrilleros se fueron haciendo más frecuentes y más osadas, las autoridades los combatieron con más saña. El número de integrantes del grupo fue variando en función de las bajas y el ingreso de nuevos miembros, pero ascendió a poco más de una decena de hombres, que se articuló en torno a los hermanos Quero y que se movían a cara descubierta por sus refugios situados en el Barranco del Abogado. Mi abuelo José Castro Peregrina fue uno de los primeros excombatientes republicanos que formaron de sus filas.

A principios de 1.942 sus golpes empezaban a correr de boca en boca por toda Granada y las autoridades no estaban dispuestas a tolerarlo e iniciaron la política de represión que pudiera acabar con ellos. El 23 de febrero llegaron a la 108 Comandancia de la Guardia Civil dos informaciones importantes: un primer “soplo” les proporcionaba el lugar donde los Quero iban a realizar su siguiente acción, un hotel en las afueras de la ciudad iba a ser el objetivo de su próximo atraco en el que iba a participar mi abuelo. Pero, apenas unas horas más tarde, otro chivatazo les indicaba el lugar donde en ocasiones se refugiaban los guerrilleros. Ese día la actividad debió ser intensa en el cuartel de Las Palmas. El edificio, que se alzaba sobre un antiguo molino árabe del siglo XII, era temido por las torturas a las que sometían en sus instalaciones a los detenidos. El capitán que estaba al frente de las operaciones, un burgalés con varias décadas de servicio en el cuerpo llamado Celestino Blanco Juarros, se vio obligado a improvisar una segunda emboscada, al mando de la cual envió al brigada Francisco Moreno Estévez. El objetivo se encontraba muy cerca de allí, en una cueva situada en el número 12 de la calle Monte Sedeño. En ella vivía la familia de Rafael Rodríguez “el sastre”, uno de los integrantes de la guerrilla.

Sobre las ocho de la tarde, tres cabos que formaban parte del destacamento intentaron acceder a la misma. Al instante comenzó el intercambio de disparos. Del interior salieron dos personas: Josefa la esposa de “el sastre”, que murió a pocos metros como consecuencia de la metralla y Ramón Casares Raya, de diecinueve años, un amigo de la familia que no formaba parte de la guerrilla y al que trasladaron malherido al Hospital San Juan de Dios, donde murió cuatro días después. Alguien continuó  disparando durante unos minutos y los guardias civiles no tuvieron el valor de entrar hasta la mañana siguiente, ya con la luz de la mañana y tras varias horas de silencio. Cuando lo hicieron vieron cómo, del techo de la cocina, colgaba el cadáver de la dueña de la vivienda, Martirio Martín. La madre de Rafael “el sastre” se había ahorcado presa del terror. En una de las habitaciones encontraron con vida a su nieto de tres años, acompañado de su abuelo. Horas más tarde, los agentes regresaron. Había algo que no encajaba: desconocían quién había sido el autor de los disparos. Volaron la pared de una habitación oculta y allí encontraron otro cadáver, el de José Expósito “Chavico”, un joven natural de Güejar Sierra de apenas diecisiete años, que quería unirse a los guerrilleros para vengar el fusilamiento de su padre a manos de los falangistas, durante las primeras semanas de la guerra.

Todos los hechos fueron presenciados desde la cueva contigua, situada en Monte Cedeño nº 10, por mi abuela, María Álvarez y por mi madre, que aún no había cumplido los seis años. Los vivieron en mitad del pánico. Allí también se habían refugiado miembros de la partida y temían por su vida. A las pocas horas, cuando, con las primeras confesiones logradas mediante tortura, esa información llegó a los guardias civiles, éstos irrumpieron en su hogar. Los golpes y las patadas comenzaron de inmediato. No les frenó el hecho de que mi abuela estuviera embarazada de seis meses. Se la llevaron detenida y abandonaron a mi madre a su suerte. Ella cruzó la ciudad buscando refugio en casa de su tía.

Mi abuelo huyó después de estos acontecimientos y nunca volvió a hacerse cargo de su familia. Los Quero continuaron con sus acciones durante varios años, hasta que todos sus miembros murieron en trágicas circunstancias. Ninguno de ellos fue apresado, prefirieron la muerte o incluso el suicidio antes que entregarse a la Guardia Civil. La dictadura trató que pasaran a la historia como simples delincuentes, distorsionaron y censuraron la verdad, otros los idealizaron a imagen de Robin Hood. No fueron ninguna de ambas cosas, sólo hombres a los que no les dejaron otra opción que echarse al monte y que, vieron cómo sus acciones se iban alejando de la lucha política y, en el caso de alguno de sus integrantes, se acercaron a métodos propios de la delincuencia. Incluso en el seno de mi propia familia hay opiniones dispares sobre sus actuaciones. Yo creo que es imposible analizarlas desde la perspectiva actual y que habría que estar en la piel de aquellas personas, enfrentadas a un entorno tan hostil, para juzgar sus actos, no todos ellos heroicos.



Barranco del Abogado. Antigua foto expuesta en la Asociación de vecinos.

El Barranco del Abogado era, ya desde antes de la guerra, el barrio más humilde de Granada, el que olvidan las autoridades al filo de la marginalidad. No obstante, el diputado socialista Fernando de los Ríos no se olvidó de sus habitantes. En el memorable discurso que pronunció en el Congreso en 1.936 y en el que defendía la repetición de las elecciones en la provincia, ante el fraude perpetrado por los partidos derechistas, tuvo palabras para ellos. “Las colinas de harapientos de Granada, la colina del Albayzín y en donde está lo que se llama el barranco del abogado, recordando la actitud que había tomado uno de ellos en el año 31 y que lo enunciaba con estas palabras tan dramáticas como humanas – en mi hambre mando yo- al recordar este ansia de regir soberanamente en su hambre, esas colinas de miseria, digo, han votado por la candidatura de izquierdas”.

Restos de las antiguas cuevas.

El origen del barranco estaba en el arrabal de Al Nayd que, en tiempos de los musulmanes, lindaba con el barrio de los alfareros (el actual Realejo) y donde se situaba la última muralla nazarí construida en la ciudad, que fue derribada en 1.833. Sobre su nombre hay dos leyendas. La primera dice que se debe a que allí fue asesinado un letrado de la Chancillería, le segunda que los terrenos fueron recibidos por un abogado como pago por un pleito ruinoso que defendió. En 1.942 estaba ocupado por cuevas en las que seguían viviendo los más humildes, la gran mayoría de los cuales habían perdido la guerra, sufrido palizas y la cárcel. Entre algunas de las familias que lo habitaban nació la resistencia de los Quero.


Panorámica de Granada desde la calle Monte Cedeño

Hoy el Barranco del Abogado sigue alzándose junto a uno de los cármenes más hermosos de la ciudad, el de los Mártires y manteniendo unas vistas impresionantes sobre Granada, Las cuevas desaparecieron, sólo quedan algunos restos en la parte más alta, cercana al cementerio. Sobre ellas se construyeron casas, que han cambiado por completo el paisaje, pero en sus calles se sigue escondiendo una historia, que los más viejos, como nos confesó con amabilidad la presidenta de la Asociación de Vecinos, apenas se atreven a contar entre susurros a los más próximos.

La calle Monte Cedeño en la actualidad





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6 comentarios:

  1. Yo me llamo Francisco Moreno Estévez, que casualidad. Buen trabajo.

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  2. Imagino que no tienes nada que ver con el brigada ¿¿no? Gracias.

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  3. YO SI TENGO QUE VER CON EL BRIGADA MRENO Y LO ESCRITO POCO O NADA TIENE QUE VER CON LO OCURRIDO

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    1. Los hechos son totalmente ciertos. No hacen sino reflejar, hasta el mínimo detalle, lo que aparece en el atestado de la Guardia Civil firmado a las 7:00 del día 24 de febrero por el Brigada Moreno Estevez (de su puño y letra) que afirmaba tener en ese momento 37 años y estar casado. El documento también lo firman el Capitán instructor Celestino Blanco Juarros y los cabos los cabos Francisco Pérez Aguilera (de 30 años y natural de baños de la Encina, Jaén), Luis Fernández Sánchez (de 41 años) y Remigio Heredia Ruiz (de 37 años) que formaban parte del destacamento.

      Por cierto, el capitán Celestino Blanco ordenó al día siguiente la detención de mi abuela. Mi madre, que entonces tenía sólo 7 años, recuerda como entraron los guardias civiles destrozándolo todo y comenzaron a golpear y a torturar a mi abuela. Luego se la llevaron presa y ella tuvo que cruzar, sola y abandonada, toda la ciudad de Granada a la búsqueda de su tía. Eso no lo ha olvidado nunca. Probablemente a usted, anónimo, no le guste está historia, pero yo a cara descubierta y con el nombre bien claro la cuento.

      Puede encontrar el documento del que le hablo en el Archivo Militar que ahora se encuentra en Almería y verá la firma de esa persona con la que dice que tiene que ver.


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    2. Si lo que comenta es cierto puede tratarse de otro Francisco Moreno Estévez (que lo dudo) porque con 37 años era cabo y estaba al mando del puesto de Sorvilán (Granada)

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    3. Lo que comento es totalmente cierto. Y para que no le quede ninguna duda, he añadido las imágenes de la declaración firmada por el Brigada Francisco Moreno Estevez a las 7:00 horas del 24 de febrero de 1.942, que afirma tener en ese momento 37 años de edad y estar casado. Esa declaración es sólo una de las varias que se incluyen en el atestado de la Guardia Civil que instruyó el Capitán Celestino Blanco. Y, a su vez, ese atestado es sólo un documento de los muchos que aparecen en el Sumario 525, que recoge la causa que una Dictadura fascista y opresora siguió contra mi abuela y otras personas, entre ellas varios miembros de la familia de los Quero. A los torturadores no les importó que mi abuela estuviera embarazada para golpearla con saña, tampoco para ponerle frente a un pelotón de fusilamiento para ver si de esa forma confesaba dónde se escondía su marido (cosa que no hizo). Solicitaron pena de muerte para ella y fue condenada a 10 años de cárcel, donde acabó pasando casi 7. Mi madre cuando recuerda el momento en el que La Guardia Civil entró en su cueva aún llora.

      Quizás usted hable de otra persona que no tenga nada que ver con estos hechos, pero los hechos que relato son totalmente ciertos. Muchos guardias se limitaron a obedecer órdenes, pero otros fueron auténticos torturadores. Afortunadamente eso forma parte de un pasado muy lejano. Antes de llamar mentiroso a alguien, hay que estar seguro de lo que se dice.

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