29 enero, 2012

29 de enero. La garriga bombardeada

Durante la noche del 28 de enero de 1.939 diez aviones Savoia-Marchetti italianos, conocidos como sparvieri (gavilanes), bombardearon La Garriga. A la mañana siguiente, cuando la población estaba aún conmocionada por el suceso, los aviones regresaron. Las bombas destrozaron la estación de tren, pero cayeron también en el centro del pueblo, varias de ellas en su vía principal, la calle Banys. Fueron trece las personas que murieron, más de la mitad de las cuales eran niños. Varias casas quedaron en ruinas.

Las tropas franquistas habían frenado su avance a pocos kilómetros, en Granollers, que había caído sólo dos días después de que el ejército enemigo hubiera entrado en Barcelona. Una enorme desbandada se dirigía en ese momento hacia la frontera francesa. Entre los refugiados que marcharon huyendo de La Garriga se encontraba Amadeo Grácia, un chaval de poco más de tres años, que había perdido una pierna en un bombardeo que se había producido en su pueblo: Monzón. Días más tarde, cuando cruzaba la frontera detrás de su padre y de su hermana, que caminaba sobre su única pierna, apoyada en una muleta, le tomaron una fotografía que ha quedado en la memoria colectiva como la mejor imagen de aquel sufrimiento. 


El día del bombardeo ya no quedaban tropas republicanas en La Garriga. Una semana antes, los restos de la 13 Brigada mixta se habían concentrado en el pueblo. Dos batallones formados mayoritariamente por polacos, el "Dombrowski" y el "Rakosi", habían marchado hacia días con destino a Girona. También habían pasado por allí las tropas de Enrique Lister en retirada hacia Francia. 

La población civil, que se había triplicado durante la guerra, fue la única que sufrió las consecuencias de la acción criminal de la aviación fascista italiana. En ese momento los "garriguencs" lo único que esperaban, después de tres años de sufrimientos, era el fin del conflicto. En las cercanías, las tropas marroquíes lanzaban fuego de mortero y ráfagas de ametralladora en mitad de la lluvia. Tres días más tarde, el 1 de febrero las primeras unidades nacionales entraban en el pueblo. Todas las puertas y las ventanas estaban cerradas. El silencio era sepulcral.

Hoy hace setenta y tres años de esa masacre inútil en la que trece civiles perdieron la vida cuando la guerra ya había acabado para ellos. La portada de La Vanguardia del día siguiente arrancaba con el titular “Las tropas de Franco siguen su marcha triunfal hacia la frontera”. A continuación se recogen los detalles del parte de guerra: "A pesar del mal tiempo ha continuado el brillante avance de nuestras tropas que han logrado hacerlo en una profundidad media de nueve kilómetros, habiéndose ocupado los pueblos de Balsareny, Puigreig, Santa María de Oló, Moyá, Cardedeu y Llinars del Vallés y, según noticias no muy bien confirmadas todavía, los de La Garriga, santa Eulália de Ronsana y Caldas de Monbuy, batiéndose a tres Brigadas Internacionales (las 11, 3 y 15) de las que se ha recogido documentación" En las crónicas se olvidan del silencio y explican como en todas las poblaciones los soldados de Franco eran recibidos con muestras vibrantes de entusiasmo entre besos y abrazos. Setenta y tres años después, hoy  en La Garriga no había silencio, sino recuerdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario