07 marzo, 2018

El fotógrafo de Mauthausen


En 1936, cuando estalló la Guerra Civil, Franscico Boix era un muchacho de 16 años al que su padre, un sastre del barrio barcelonés del Poble Sec, había contagiado su pasión por la fotografía. Dos años más tarde, ya afiliado a las Juventudes Socialistas Unificadas, marchó como voluntario a la 30ª División, que luchaba en el frente de la provincia de Lérida con la misión de retener el avance del ejército franquista en una guerra que ya estaba perdida.

El arma de Francisco era la cámara fotográfica. Con ella retrató la guerra cotidiana, las horas aburridas de espera en la retaguardia, la ropa tendida al sol, un soldado que escribe una carta sentado sobre la tierra mientras apoya el papel en una banqueta,  otro que lee con interés un libro en el descanso de la trinchera; otros que alimentan un fuego sobre el que hierve una olla, un grupo de personas sentadas en corro despanochando maíz, parejas con la mirada perdida que bailan abrazadas muy juntas sin saber qué les deparará el futuro…

En sus fotografías también podemos ver un tanque que se adentra en el cauce de un río, los camilleros que caminan agachados por un campo yermo mientras salvan a un herido, oficiales paseando por las calles de un pueblo bombardeado, soldados que desfilan con una marcialidad mal aprendida, impropia de militares y que delata que quizás solo se trate de panaderos, oficinistas o albañiles; el funeral de un comisario político caído en combate y, sobre todo, decenas de soldados y oficiales que miran a la cámara con una sonrisa inexplicable en sus circunstancias, con ese idealismo de juventud con el que marcharon a combatir al fascismo.

Con la derrota llegó la obligada huida a Francia. Boix pasó por el campo de refugiados de Vernet y luego por el llamado “Campo de Judas” de Setpfonds, donde las condiciones de reclusión para los combatientes republicanos eran inhumanas. Guardó centenares de negativos en una caja de madera y dos de latón. Al parecer las vendió a un ferroviario de Perpignan. El rastro de esas fotos estuvo perdido durante décadas.

En Septiembre de 1939 se encuadró, junto a muchos de sus compañeros, en la 28ª Compañía de trabajadores extranjeros que formaba parte del 5ª Ejército francés. Su misión era realizar trabajos de defensa en la línea Maginot que debía frenar el avance del ejército alemán. En la noche del 21 de julio de 1940 fue apresado por los nazis en la región de Los Vosgos y trasladado primero al campo de Mulhouse y finalmente al campo de exterminio de Mauthausen en Austria.

Allí trabajó en el Erkennungsdienst, el servicio de identificación para el que debía tomar fotografías de los presos. Él mismo aparece en un retrato con su número: el 5185. Por sus manos pasaron también miles de fotografías que atestiguan el horror que se vivía en las instalaciones. Cuando se produjo el avance aliado se dieron órdenes de destruir las pruebas. Francisco Boix se encargó entonces de guardar centenares de negativos que iban a contar al mundo las atrocidades que se produjeron en los campos de exterminio.



Los escondió en las molduras de las puertas para que el servicio de carpinteros, formado por comunistas, pudiera sacarlas del recinto con la ayuda de un grupo de hombres muy jóvenes, algunos casi niños, hijos de los combatientes republicanos que trabajaban en condiciones menos duras para una empresa familiar que explotaba el granito de las canteras de la zona. La empresa, que aún existe, se llama Poschacher. Los miembros del llamado Comando Poschacher se encargaron de ir sacando los negativos del campo para dárselos a la señora Pointer, una valiente mujer de ideas izquierdistas a la que habían conocido. Ella las escondió en un muro de su casa.



Cuando los soldados americanos liberaron Mathausen, Boix acompañado por sus jóvenes amigos acudió a la casa de la señora Pointer, donde empezó a positivar las primeras fotografías. Meses más tarde se convertirían en pruebas fundamentales para condenar a los jerarcas  nazis en el Juicio de Nuremberg. Francisco Boix fue el único español que participó en el mismo para aportar sus pruebas y señalar a los asesinos. Su salud, que había sobrevivido a dos guerras y a los campos de exterminio, solo aguantó unos años más. Murió a la edad de 30 años y fue enterrado en una modesta tumba de un cementerio parisino.

En 1993 se intentó subastar por internet los negativos de unas fotografías de la Guerra Civil que habían permanecido ocultos en tres cajas. La Comisión por la Dignidad consiguió adquirirlos gracias a la contribución de micro mecenazgo de decenas de personas. Tras el análisis de los investigadores pudo determinarse su autoría.

En el año 2015 el pleno del Congreso aprobó por unanimidad realizar un homenaje a los españoles que fueron deportados a los campos nazis. A pesar de ello, el Gobierno de Rajoy, que no desaprovecha ni una sola oportunidad de demostrar que es el heredero del franquismo, ha olvidado el mandato.

El 16 de junio de 2017 Francico Boix fue enterrado con todos los honores en el Cementerio Pére Lachaise, donde reposan los restos de las mayores celebridades de Francia como Molière, Delacroix, Chopin, Balzac, Proust o también importantes personalidades de la Guerra Civil como Negrín o Gerda Taro. La alcaldesa socialista de Paris, la gaditana Anne Hidalgo, una de las personas que más ha hecho por recuperar la memoria de los exiliados en el país vecino, presidió el acto. El féretro iba envuelto en la bandera tricolor republicana. Mariano Rajoy, que estaba ese día en París, no tuvo ni siquiera unos minutos para acudir y su gobierno no mandó ninguna delegación oficial.

Un centenar de las fotos que Francisco Boix tomó durante la Guerra Civil estarán expuestas hasta el 19 de marzo en el Centre Cívic Pati Llimona de Barcelona. Entre ellas vemos al propio Francisco fingir cómo dispara una ametralladora o con la mirada perdida mientras sostiene la mejor arma que sabía disparar: su cámara Leica.


Algunas de las fotos pueden verse en:

Hay varios documentales magníficos sobre Francisco Boix:
Un fotógrafo en el infierno www.youtube.com/watch?v=-04d60l0-EU

Las dos guerras del fotógrafo Boix.

El cine español, siempre tan miope con las magníficas historias de los personajes de nuestro país, ha puesto esta vez su mirada en la vida de Boix. En los próximos meses se estrenará la película El fotógrafo de Mauthausen.


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